Entradas

La despedida.

 Aquel hombre del que se despidió afuera del hotel la miró antes de subirse a su auto. Quería decirle algo pero no se atrevió.  Ella se quedó parada en el parque viendo como se marchaba, el viento aventó su cabello sobre su rostro y pensó que quizás esa sería la última vez que lo vería. Le sonrió y bajó la mirada esperando que eso fuera suficiente para que él se fuera, dolería menos si mostraba indiferencia.  -No hay taxis. -Parece que no. -¿Quieres que te lleve? -No, esperaré una rato más. -De verdad no creo que pase alguno. -Está bien, no tengo prisa. -Es que es tarde, no me parece bien que estés aquí esperando en especial estando sola. -¿Ahora te compadeces de mí? -Sue, sabes que las cosas no son así. -Hace unos minutos me decías que deberíamos seguir nuestras vidas y ahora te preocupas por mí, vaya que me confundes. -No me refería a que dejaras de interesarme por completo solo a que necesito tiempo, quiero pensar bien lo que voy a hacer con mi vida. -Sabes que me sorprendería

El amigo de Mau.

 Sienna entró a la casa, era de mañana, no tenía reloj así que no podía saber la hora exacta pero el sol entraba por cada una de las ventanas del recibidor.  Escuchó risas provenientes del comedor, supuso que se trataba de su padre y su esposa de modo que decidió subir sigilosa a su habitación. -Sienna -gritó Lola. Ella se detuvo en el descanso de la escalera y sin girarse respondió. -¿Qué pasa? -Tu padre te espera en el comedor. -No tengo hambre. -Nena por favor ve. -¿Para qué nana?, no quiero conocer a esa mujer. -No empeores las cosas, ya está bastante furioso porque no pasaste la noche en la casa. -Y quién se lo dijo. -Se dio cuenta, llegó anoche y fue a buscarte a tu habitación. ¿En dónde estabas? -Sienna -dijo el señor De Wit. La joven volteó lentamente, cruzó los brazos y lo miró por encima del hombro. -Hola papá -dijo y continuó caminando. -¿Acaso no merezco un abrazo? -Tal vez luego, estoy muy cansada y quiero ducharme. El señor De Wit subió furioso las escaleras, Sienna se ma