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Despedida.

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La última vez.

 Reinventarse, salir corriendo dejando todo atrás. Ser alguien diferente, reír sin preocupaciones, pararse a la orilla del mar con la cara en alto y sentir la brisa fresca sobre mi cara, escuchar las olas chocando entre sí, vivir. ¿Quién era en ese momento?, ¿qué quería?, ¿hacia dónde me dirigían cada una de las decisiones que estaba tomando?  No era nadie, solo un cuerpo en el espacio, un nombre que pagaba impuestos puntualmente cada mes. Estaba harta de la monotonía, de escuchar el despertador sonar cada mañana a la misma hora, girarme sobre la cama y abrir los ojos brevemente mientras pensaba cuándo acabaría ese tormento. Pensé mil veces en él antes de llamarlo, su línea había sido desconectada, no había forma de contactarlo y entonces recordé que tenía el número de su casa anotado en una vieja libreta en casa de mis padres. Miré el reloj, eran las 10 de la noche, si llamaba a mamá haría mil preguntas y no tenía el humor de responderlas.  Me recosté nuevamente sobre la cama siguiend

Mi otra vida.

 Sentada frente al ordenador pensaba en lo que escribiría para la siguiente edición de la revista. Me consumía la idea de que mis lectores no sintieran la misma emoción que sintieron con mi artículo anterior pero ahora, simplemente no podía concentrarme, estaba absorta con una idea que giraba en mi cabeza, que me consumía. Necesitaba hablar con Alfonso pero no sabía en dónde se encontraba, quizás mi primo sabría algo de él, tenía miedo de preguntarle porque sabía cuál sería su respuesta. Las desapariciones de mujeres embarazadas eran cada vez más frecuentes, todas seguían un patrón, los periódicos evitaban hablar al respecto pero a diario escuchaba en los grupos de Facebook que buscaban a alguien. Ben odiaba la idea de que yo me dedicara al periodismo pero tampoco le fascinaba que trabajara con Gabriel. Eran cerca de las 10 de la noche cuando Ben entró a mi oficina, me sorprendió verlo, jaló la silla que estaba frente a mí y se acomodó, cruzó la pierna, jaló su abrigo y entrelazó sus d

La reunión.

 Poco recordaba Scott de las noches que pasó al lado de Irina. Su recuerdo se hacía cada vez más difuso en su memoria. Para él parecia que había sido ayer cuando decidió dejarlo. Se lamentó que incluso Natsumi, a pesar de lo mala que había sido hubiera encontrado el amor y decidiera formar una familia.  Él se había enterado por casualidad, de ella sí que no deseaba saber nada, sin embargo le dolía pensar que probablemente él tenía la culpa de sus desgracias. Tomó una profunda bocanada de aire que le infló los pulmones y volvió a su escritorio.  Tantos meses de soledad, tanto tiempo perdido. ¿Quién lo hubiera imaginado? Se repetía una y otra vez en su cabeza.  De verdad deseaba ver a Irina, hablar con ella, tenerla cerca aunque solo fuera como amigos. Alguien tocó a su puerta, estaba tan inmerso en sus pensamientos que no contestó, de pronto ella ya estaba parada frente a él, lo miró con extrañeza, frunció el ceño y se mordió el labio. -Toqué más de una vez pero nadie respondió, pensé q

Amnesia

  La ropa de ambos yacía en el suelo. Edward dormía plácidamente en la cama mientras que Emily miraba la carretera a través de la ventana. Las luces de los autos que a toda velocidad cruzaban la curva se reflejaban en el techo. No podía continuar a su lado, un par de lágrimas se deslizaron sobre sus mejillas, lo amaba pero estaba harta de las mentiras que rodeaban a su relación. Eso era todo. No iba a permitir que su carrera se truncara por un estúpido capricho, por una affair que había surgido de la manera más ridícula. Ese frenesí que los envolvió los condujo por un laberinto de locura. Traición. Era la única palabra que retumbaba en su cabeza, pensó en el daño que le hacía reunirse con Edward, ser su cómplice. Apresuró su paso rumbo al baño, se vistió de inmediato, eran poco más de las 9, Edward había ido a una reunión a la ciudad y no volvería sino hasta pasadas las 11. Abrió la puerta con sigilo y salió sin despedirse, no podía volver a ver a Edward nunca más. Mientras caminab

bittersweet

 Alguna vez me preguntó si era feliz. Bajé la mirada y le di un sorbo a mi copa, crucé los brazos por encima de la mesa y lancé un suspiro. -¿De qué te sirve saberlo? -Quiero saber. -Mi respuesta no cambiará las cosas. Él bajó la mirada, jugó con su copa y después prosiguió. -Tal vez no cambie el pasado pero al menos me daría una esperanza. -¿Una esperanza para qué? -De saber que quizás algún día podremos estar juntos de nuevo. -Sabes que eso es imposible. -¿Lo es? -Claro que lo es. -Te quiero Irina, te quiero y una parte de mi corazón siempre te pertenecerá. -Creo que nuestra conversación no tiene propósito. Me puse en pie y me coloqué el abrigo sobre los hombros. -¿Tanto te molesta que te diga lo que siento? -Me parece una falta de respeto que lo hagas sabiendo que estoy con Josh. -No están casados en cambio tu y yo lo estuvimos. -A qué viniste Scott, ¿querías echarme en cara el pasado? -Quería hablar contigo, saludarte. -De acuerdo ya lo hiciste, fue un placer encontrarte y... Scott

Entre él y yo.

 Le dolía el pecho, en realidad le dolía el alma. Atravesó el pasaje de los ángeles envuelta en una profunda agonía. Lo único que deseaba era recostarse en su cama, cerrar los ojos y quitarse ese inmenso dolor que la oprimía. Secó sus lágrimas y extendió la mano, el taxi se detuvo en aquella esquina mientras él la veía sin poder detenerla. Le gritó, intentó detenerla pero no lo logró. De pronto sus pies se anclaron al suelo, su partida lo petrificó por completo. La música de la marimba, que estaba a su lado penetró en sus oídos como ecos.  Dalila se había marchado y si no hacía algo la perdería para siempre. Para ella el tiempo no había pasado, en su mente, no hacía más de dos horas que ambos caminaban felices por las empedradas calles del centro, tomados de la mano, disfrutando de la cálida tarde y respirando los aromas que desprendían las flores de cempasúchil que decoraban las ofrendas. Sus rostros se iluminaban con las tenues luces que emanaban de las velas y cirios. Las sombras de