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El reencuentro

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Coincidencias.

Un montón de cuchicheos y carcajadas se escuchaban desde el pasillo del teatro, la tercera llamada había sido anunciada y las luces empezaron a parpadear. Samanta corrió tratando de llegar a su palco antes de que fuera demasiado tarde pero le fue imposible. En la penumbra se escucharon los aplausos, ella puso su mano sobre el picaporte y abrió la puerta, tropezó antes de poderse sentar junto al hombre que estaba sentado en una de las butacas. -Lamento la tardanza -murmuró mientras acomodaba su enorme vestido en el asiento.  -Está bien. Su sonrisa se esfumó al ver que no era su padre quien estaba a su lado, se puso en pie de inmediato -Lo siento -exclamó avergonzada, se puso en pie y caminó hacia la puerta. Él  la detuvo. -Deberías quedarte, el telón acaba de abrirse. -¡Maldita sea! -Podrás irte en el intermedio. -No, no puedo hacer eso mi padre me espera, si no llego se molestará conmigo. -Podrías volver a equivocarte de palco. -Oye yo te conozco, eres el tipo del staff. Derek sonrió,

¿Cómo respiras con el corazón roto?

Eran las 00:00 horas, oficialmente el día de mi cumpleaños, el día no pintó mal y de pronto sin que me diera cuenta pasé del entusiasmo a la decepción. ¿Por qué?, ¿merecía esto?, merecía esto justo el día de mi cumpleaños, pudo ser cualquier otro día pero no. Al principio creí que era una jugada de mal gusto y después vi que era cierto, mi corazón se quebró, más aún cuando vi que no tenía ni una nota en el buzón. ¿Cómo respiras con el corazón roto?, ¿de dónde sacas las fuerzas para seguir si no encuentras una razón? Tomé una profunda bocanada de aire, inflé mis pulmones y luego saqué todo lo que tenía dentro.  La cabeza me dio vueltas, decidí tumbare en la cama y mirar fijamente hacia el techo, a lo lejos escuchaba el tic tac del reloj que estaba en la pared y luego un par de golpes a la puerta me hicieron enderezar. Vi su sombra en el pasillo, daba de vueltas sin detenerse, parecía ansioso. Me levanté de la cama y me acerqué hasta la puerta, lo vi por el visillo. No quería hablar con

No era de nadie.

 ¿Quién estaba detrás de esos mensajes que llegaban cada viernes puntualmente a las 7 de la noche? Tenía una ligera idea pero era tan vaga que una pequeña corriente de aire, que se colaba por el respirador de la antesala, lograba disiparla. Luca entró a la recamara, dejó un par de cartas sobre la mesa de centro y me atisbó nervioso. -¿Alguna novedad? -Ninguna solo que llegaste temprano hoy. -No había trabajo. ¿Vino a verte Franco? -Como siempre. -De qué hablaron. -Nada particular, el clima, la gente...cosas sin importancia. -¿Y esas flores? -Las trajeron de la florería -Eso es obvio, quién. -Un repartidor. -Claramente...me refiero a quién las envió. -Nadie. -Cómo que nadie. -No traían tarjeta. -Me estás sacando de quicio. -Pero es la verdad, probablemente alguien se equivocó y las envió por error. -Ya van 6 semanas de errores. -¿Ah sí?, no lo había notado, será que me agrada demasiado el olor de las flores y como tu casi no tienes esos detalles. -¿Me estás acusando de no ser detallista

La teoría del caos.

Los pequeños cambios crean enormes diferencias respecto al resultado final. El haber visto a Rodrigo parado en la esquina de mi casa provocó que se me fuera el sueño. De modo que pasé toda la noche despierta, necesitaba una distracción así que continué trabajando en mi libro. Finalmente había logrado conectar con la historia y estaba entusiasmada. Eran las 8 de la mañana cuando Buster empezó a rascar la puerta, su amiga de la veterinaria pasaría por él en 5 minutos para llevarlo a pasear y después le daría un baño. Me puse en pie y antes de cerrar la laptop un mensaje de actualización apareció en la pantalla,  decidí que era un buen momento para reiniciar la computadora mientras me relajaba con un baño de burbujas. Así que llené la tina con agua tibia, le puse burbujas y sales aromáticas y me sumergí en ella. El día pintaba para ser perfecto.  Ya tenía escritos tres capítulos de mi libro, no tenía que ir a la oficina y planeaba tomar un delicioso y relajante baño antes de ir a comprar
Estimados lectores una disculpa por no publicar el jueves pasado, tuve un imprevisto que me impidió compartirles un post. Este jueves será publicado el último del año, tomaré una semana pero nos leemos el 4 de enero del 2022. Gracias por el tiempo que se toman al leerme, ¡felices fiestas!