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El armario.

Tengo un par de zapatos nuevos de color carmesí que compré hace 4 meses. Nunca los usé porque esperaba el momento perfecto para ponermelos, esperaba que hiciera calor, que no caminara tanto, esperaba cualquier pretexto, un día que me hiciera sentir diferente, cualquier día.
Cuando era niña mi abuelito decía que cualquier día era bueno para estrenar, lo cierto es que hoy los días son todos iguales y no importa si uso mi ropa para ir a la sala o estar en la terraza.

Por la puerta que da al balcón entra una tibia brisa y una fuerte resolana, en cualquier otro momento hubiera corrido a cerrarla porque odio el sol pero hoy es diferente, hoy quiero sentir el calor sobre mi rostro sentada al borde de la cama.

En mi armario también hay un par de pantalones, preciosos, costosos, divinos para usar en primavera si la primavera claro no se estuviera yendo de mis manos encerrada en estas cuatro paredes. Supongo que ahora los usaré en otoño, tienen hojas, serán hojas secas.

Guardo 6 blusas y 2 cardigans. Una de las blusas la compré hace1 año y esperaba mi aniversario para usarla, las demás comencé a usarlas desde hace 30 días.

Hoy cambiaron el horario, el sol entró más tarde por mi ventana pero el reloj marcaba las 8, la verdad ya no importa la hora ni el día, solo quiero tirarme en la terraza y sentir la brisa, escuchar el canto de las aves el cual no escuchaba desde que era una niña, podría jurar que hasta escucho el movimiento de las hojas de los árboles chocando entre sí por el viento.
El cielo nunca antes se había visto tan azul y el aire se siente limpio, fresco.

Ahora que tenemos el tiempo para hacer lo que antes no pudimos, ¿qué harás?, mi closet quedó vacío, prefiero sentarme junto al balcón y admirar el paisaje.

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