Ir al contenido principal

Búscame...

El consultorio del doctor le pareció conocido. Era como si ya hubiera estado ahí antes.
Tomó una profunda bocanada de aire y se sentó en el divan. Aflojó un poco la liga que sujetaba su cabello y se recargó, cerró los ojos y suspiró.
-¿Le parece cómodo?
-¡Cielos!- se levantó de inmediato completamente asustada.
-Siento haberla asustado.
Ella lo miró. A juzgar por la cantidad de diplomas que tenía decorando las paredes de su consultorio pensaba que se trataría de alguien viejo.
Le sorprendió sin duda que el doctor no  pasara de los 30 años.
-Fue mi culpa, no debí ponerme cómoda de esa manera.- dijo sonrojada.
-Antes de comenzar necesito hacerle unas preguntas, faltaron algunos campos por llenar en el  expediente.
-De acuerdo.
-Veamos.- Se sentó en la silla de piel que estaba frente a su escritorio y se colocó unos lentes que lo hacían ver sumamente interesante. -Usted es la señorita Marion Bradford ¿correcto?
-Así es.
-¿Edad?
-25...
-¿Algún telefono donde la podamos localizar?
-20974189.
-Bien señorita Bradford.- Se quitó los lentes y se dirigió al pequeño sillón que estaba frente al diván. -¿En qué la puedo ayudar?
Su mirada le pareció familiar, conocida.
-Yo, no puedo dormir desde hace algunos días. Siento una profunda ansiedad y un miedo indescriptible.
-¿Esta tomando algún medicamento?
-No.- Lo miró mientras él hacía sus anotaciones.
Christian Kotler era psicologo, era alto, tenía el cabello ligeramente ondulado y de color castaño claro. Sus ojos tenían un extraño tono verdoso. Tenía unas largas y profundas pestañas. Más que doctor parecía galán de cine.
Marion estaba completamente impresionada por su atractivo, tanto que le costaba trabajo articular las palabras.
-¿Qué le preocupa entonces?
Ella cerró los ojos, se sintió confundida. No estaba segura de cuál era su principal angustia.

Comentarios

Entradas populares de este blog

Regresa a mí...

Leyó la última frase de la carta en repetidas ocasiones. Le mortificó la idea de pensar que él se había marchado para siempre. Scott tocó la puerta, entró cuando ella no respondió a su llamado. La miró fijamente sin decir una palabra. Supo que su amor no era correspondido. El recuerdo de aquel antiguo novio era más fuerte de lo que creyó.

Nuevo libro, Nueva edición

Les cuento que el libro está ya disponible en varias plataformas para su venta y con una nueva edición. Amazon Itunes Kobo Scribd Page Foundry Oysterbooks

Alguien a quien solía conocer.

Corría el sábado 4 de diciembre de 1999, eran poco más de las tres de la tarde y el sol brillaba en todo su esplendor. La tarde era estática, el aire no soplaba y no había ruido en las calles. El timbre de la puerta sonó y mi corazón palpitó lleno de emoción y nervios. A pesar de que habíamos estado hablando por teléfono desde hacía ya cuatro meses nunca nos habíamos visto en persona. Esa sería la primera vez. Cuando bajé las escaleras me postré frente a la puerta, tenía la opción de no abrir y perder la oportunidad de conocerlo, sin embargo abrí mi mundo a un sin fin de posibilidades.  Él estaba parado con un ramo de flores y una caja de chocolates, sonrió y me abrazó al conocerme, entonces mis ojos brillaron y correspondí a sus atenciones con una sonrisa y un abrazo. No era feo, no era guapo pero había algo en su mirada que me capturó por completo. Teníamos muchas cosas en común, eramos más que amigos, nos conocíamos a fondo a pesar del abismo que nos separaba, éramos almas gemelas,