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Como era él.

Craig era bastante atractivo,siempre le pareció que tenía unos rasgos masculinos poco comunes. Tenía unos finos pómulos que destacaban sobre la forma de diamante de su rostro,la barba partida y una simétrica naríz repingada que armonizaba a la perfección su cara.

A ella le fascinaba hacerlo reír porque casi nunca lo hacía, era un hombre muy serio, se extasiaba con la forma en que sus delgados labios se curvaban y sus ojos miel destellaban por encima de sus espesas pestañas caoba.


Llevaba el cabello medio largo creando un efecto despeinado que le daba un cierto aire de rebeldía pero en realidad era un hombre muy formal.Las circunstancias lo habían hecho madurar y tomar las riendas de su vida desde muy joven.

Estaba completamente enamorado de Elizabeth pero nunca había tenido ni el valor, ni la oportunidad de confesárselo.
Elizabeth Sutton era 5 años menor que él pero eso no le importaba, la quería, y con el paso de los años le era más difícil estar a su lado y tener que contener sus emociones, ella lo perturbaba. 

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Leyó la última frase de la carta en repetidas ocasiones. Le mortificó la idea de pensar que él se había marchado para siempre. Scott tocó la puerta, entró cuando ella no respondió a su llamado. La miró fijamente sin decir una palabra. Supo que su amor no era correspondido. El recuerdo de aquel antiguo novio era más fuerte de lo que creyó.

Alguien a quien solía conocer.

Corría el sábado 4 de diciembre de 1999, eran poco más de las tres de la tarde y el sol brillaba en todo su esplendor. La tarde era estática, el aire no soplaba y no había ruido en las calles. El timbre de la puerta sonó y mi corazón palpitó lleno de emoción y nervios. A pesar de que habíamos estado hablando por teléfono desde hacía ya cuatro meses nunca nos habíamos visto en persona. Esa sería la primera vez. Cuando bajé las escaleras me postré frente a la puerta, tenía la opción de no abrir y perder la oportunidad de conocerlo, sin embargo abrí mi mundo a un sin fin de posibilidades.  Él estaba parado con un ramo de flores y una caja de chocolates, sonrió y me abrazó al conocerme, entonces mis ojos brillaron y correspondí a sus atenciones con una sonrisa y un abrazo. No era feo, no era guapo pero había algo en su mirada que me capturó por completo. Teníamos muchas cosas en común, eramos más que amigos, nos conocíamos a fondo a pesar del abismo que nos separaba, éramos almas gemelas,

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