La parte más difícil de todo esto fue darme cuenta que ya no me reflejaba en su mirada, que ambos habíamos tomado caminos diferentes, que no éramos uno mismo.

Detrás de su éxito estaba yo, arrepentida por haber cedido mi tiempo, mi espacio y mi vida para que él lograra la posición de la que ahora gozaba.

A él no le importaba lo que yo hiciera o dejara de hacer, su trabajo y sus planes de vida eran más importantes. A pesar de que compartíamos una vida juntos no estábamos juntos.
Él tomaba sus decisiones sin consultar o pedirme opinión y opacaba mis triunfos.
Con el paso de los años me volví  solo una sombra, alguien que ni siquiera era capaz de sonreír porque no tenía motivos.

Para mi cumpleaños número 35 tenía muchos planes pero la realidad era que pasaría un día común y corriente lavando platos, haciendo comida y soñando con los lugares a los que no iría y las personas a las que no conocería.

No quería ser la patética que se pasaba quejándose por las oportunidades que no tuvo así que me forjé mi propio destino, tomé mis cosas y me marché a conocer el mundo y disfrutar la vida.

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