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El otro lado de la historia.

Pasamos la segunda mitad del año en la casa del lago evitando vernos a toda cosa, apenas nos dirigíamos la palabra cuando cruzábamos por el pasillo.

Yo me pasaba el día frente a la ventana, viendo como las hojas de los árboles se movían con el viento hasta que finalmente caían al lago.

Él se encerraba en el estudio y no salía de el sino hasta que caía la tarde, entonces iba a la cocina por una taza de café y se sentaba en la sala mirando al infinito. Éramos como dos extraños compartiendo una casa.

Lo amaba, tal vez, no podía evitar pensar en lo que había pasado cuando vivíamos en la capital. Ya no importaba lo que dijeran las personas al respecto, solo quería irme de ahí y olvidar que alguna vez estuve locamente enamorada de él.

Deseaba tanto salir corriendo de la casa y lanzarme al agua. La oscuridad que habitaba en el frío fondo del lago me desconectaba del mundo, me hacía sentirme libre.

-¡Dawn! -gritó y salió corriendo de la casa, apenas se quitó los zapatos y la camisa y se lanzó al lago sin pensarlo dos veces.

Ni siquiera hice el intento por moverme, tenía los ojos cerrados y estaba anclada al fondo del lago. Entonces sentí su mano tomando la mía luchando con todas sus fuerzas por llevarme a flote. 

El calor de su pecho contra el mío, mi cabeza recostada sobre su hombro y mis labios cerca de su cuello me hicieron recordar cómo fue que lo conocí.

 Cuando abrí los ojos lo vi frente a mí, quitó el cabello de mi rostro y me alzó con sus brazos.

-Dawn -susurró y me llevó adentro-. ¿Estás bien?

-Sí.

Susurré confundida, creí que estaba soñando, él no podía estar ahí a mi lado, no después de lo que pasó entre nosotros.

-Por qué haces esto -reprochó.

-Solo trataba de relajarme un poco.

-Me pareció otra cosa.

-Estaba nadando, debí golpearme en la cabeza con algo cuando me lancé.

-Es tarde para nadar.

-¿Y?

-Sabes que si algo malo te pasa no hay hospitales disponibles.

-Y supongo que eso te preocuparía bastante.

-¿Lo dudas?

-Desde luego que sí. Lo único que te importa de mí es que me vea feliz frente a tus amistades.

-Eso no es cierto.

-Por favor, estamos en medio de una crisis mundial al menos sé honesto en eso.

-Te equivocas, nunca fue mi intención hacerte creer que eso era lo único que me importaba.

-Y solo tuvieron que pasar doce semanas para que te dignaras a decírlo -dije y me puse en pie. 

Subí corriendo rumbo a mi recamara y cerré la puerta para cambiarme de ropa pero él entró furioso sin tocar.

-No tenemos más opciones, tenemos que estar juntos y tratar de arreglar nuestras diferencias.

-Qué te hizo llegar a esa conclusión.

-No creí que fueras tan inmadura.

-Ah ya veo, estabas esperando a que yo lo sugiriera y como eso no pasó finalmente te decidiste a decirlo.

-Lo he venido pensando desde hace semanas. 

-¿Es por eso que me evitas?

-Dawn... por favor.

-Quieres que sigamos en este infierno al que llamas matrimonio cuando estamos en público, ¿eso quieres?

 -No.

-¿Entonces?

-Te quiero a ti.

-Ay por favor no me salgas con eso, ya no es necesario ni que lo digas y sabes por qué, porque el mundo está sumido en el caos y a nadie le van a importar las apariencias cuando esto termine.

-No me importa lo que pase cuando esto termine, me importa el presente y no quiero perderte.

-No, tu no dirías algo así, eres muy orgulloso seguro que algo planeas. 

-Te amo, no puedo cambiar lo que siento por ti. Me he sentado en el sillón de la sala cada tarde desde que llegamos aquí. Te he observado en silencio por semanas. Si de verdad quieres irte no pienso detenerte, solo recuerda que a donde quiera que vayas te encontraré y haré todo lo que esté en mis manos para recuperarte.

Lo miré llena de frustración, furiosa porque había desperdiciado el tiempo pensando que él me había dejado de querer cuando en el fondo planeaba recuperarme. No podía negar que lo amaba y quería que esto funcionara, después de todo solo nos teníamos el uno al otro mientras el mundo colapsaba.

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