Ir al contenido principal

El último beso...

I

Ema solía sentarse en la cafetería por las noches. Escribía parte de su tesis. Había cambiado de tema casi cinco veces. Realmente se quebraba la cabeza pensando cada una de las palabras que escribía. Nada le parecía. Podía pasar 20 horas frente a la computadora y al cabo de las mismas la hoja de word seguiría en blanco.
Johnathan, el joven más prominente de la universidad la observaba siempre que la encontraba en la cafetería. Ella le sonreía y seguía trabajando.

Eran dos polos opuestos, nunca se hablaron. Ella lo conocía porque leyó un artículo en el periódico de la escuela mientras esperaba a su amiga, Clare.

Ema logró titularse en administración pero realmente no era su pasión. Prefería pintar. Intentó conseguir trabajo y al no tener suficiente experiencia se frustró. El dinero se acababa así que tuvo que aceptar un trabajo de meses de un bar.
La paga era buena sin embargo lidiaba con piropos, abusos y malos tratos. 
Una de la noches sirvió una mesa llena de hombres. Parecía una despedida de soltero y ahí lo vio nuevamente. No pudo contener su deseo de preguntarle si lo conocía.
Johnathan sonrió, solo afirmo con un brusco movimiento de la cabeza sin responderle nada más. 
Ema regresó a la barra a hacer el pedido de la mesa. Un tanto molesta por la arrogancia de Johnathan.
-¿Qué te pasa Em?- preguntó el bar tender.
Ella cruzó los brazos y se recargó en la barra.
-Ese tipo siempre ha sido un arrogante. Pensé que había cambiado. "Miren soy el más listo de la universidad"
-¿Lo era?
-Sí. Nunca hablamos. Varias veces vi que me observaba en la cafetería. Le sonreía y él fingía desinterés. ¡bah! es un arrogante.
-No soy lo que dices.
Volteó pálida al escucharlo atras de ella. Él se ajustó los lentes y sonrió mostrando una perfecta curvatura de sus labios.
-Lo lamento yo...
-Se perfectamente lo que piensas. Intentaré sonreír y hablar más, lo prometo. ¿Te puedo invitar algo de tomar?
-Estoy trabajando. Además no tienes idea de quien soy.
-Ema Kotler. Estudiaste administración ¿cierto? ¿Por qué trabajas de mesera?
-Es una larga historia.
-Tengo mucho tiempo.
-Pero yo no. Tengo que atender  a tu mesa.
-Mi mesa- volteó a ver a sus amigos. -Sírveles dos tragos más y podrás olvidarte de ellos. Están muy bebidos.
-¿Tu no bebes?
-Centro mis intereses en otras cosas.
-¿En qué?
-En leer, siempre hay algo nuevo que aprender y en las coincidencias de la vida...
-Oye, salgo a las 12, si aún quieres invitarme ese trago...
Johnatan sonrió.




Comentarios

Entradas populares de este blog

Regresa a mí...

Leyó la última frase de la carta en repetidas ocasiones. Le mortificó la idea de pensar que él se había marchado para siempre. Scott tocó la puerta, entró cuando ella no respondió a su llamado. La miró fijamente sin decir una palabra. Supo que su amor no era correspondido. El recuerdo de aquel antiguo novio era más fuerte de lo que creyó.

Nuevo libro, Nueva edición

Les cuento que el libro está ya disponible en varias plataformas para su venta y con una nueva edición. Amazon Itunes Kobo Scribd Page Foundry Oysterbooks

Alguien a quien solía conocer.

Corría el sábado 4 de diciembre de 1999, eran poco más de las tres de la tarde y el sol brillaba en todo su esplendor. La tarde era estática, el aire no soplaba y no había ruido en las calles. El timbre de la puerta sonó y mi corazón palpitó lleno de emoción y nervios. A pesar de que habíamos estado hablando por teléfono desde hacía ya cuatro meses nunca nos habíamos visto en persona. Esa sería la primera vez. Cuando bajé las escaleras me postré frente a la puerta, tenía la opción de no abrir y perder la oportunidad de conocerlo, sin embargo abrí mi mundo a un sin fin de posibilidades.  Él estaba parado con un ramo de flores y una caja de chocolates, sonrió y me abrazó al conocerme, entonces mis ojos brillaron y correspondí a sus atenciones con una sonrisa y un abrazo. No era feo, no era guapo pero había algo en su mirada que me capturó por completo. Teníamos muchas cosas en común, eramos más que amigos, nos conocíamos a fondo a pesar del abismo que nos separaba, éramos almas gemelas,