Sin rumbo.

Estaba sola en medio de esa enorme ciudad llena de luces, de gente que caminaba apresurada sin motivo aparente, de edificios tan altos que casi tocaban el cielo, un cielo que era casi imperceptible por el smog.

No había más que extraños caminando frente a mi que reían, que hablaban de asuntos laborales, que se miraban con cierta familiaridad y lo único que pensé en ese momento fue en lo mucho que extrañaba estar en casa.

En esa fortaleza impenetrable custodiada por un monstruo que no me dejaba respirar a placer.

Cuando el aire tibio de la tarde sopló por encima de mis hombros supe que era libre.Sonreí imaginando las posibilidades que eso traería a mi vida.

Me levanté de la banca y caminé sin rumbo fijo, en esa ciudad era muy fácil perderse y llegar al paraíso.

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