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Estar aquí.

El reloj marcó las 11:59 del último día del año. La vela que estaba sobre la mesa se consumió de la misma manera en que lo hizo la esperanza de Marnie.
Derramó un par de lágrimas mismas que secó con brusquedad, se lamentó ser tan crédula.Se levantó de la mesa y tomó su plato hasta aventarlo sobre el fregadero.Se recargó intentando no desfallecer y continuó levantando lo que aún quedaba.

Mientras guardaba la cena escuchó la llave girar en la cerradura, Daniel finalmente se había dignado a llegar.

"Vaya manera de iniciar el año" <<pensó y sonrió llena de ironía para no llorar>>

-¿Sigues despierta?

Preguntó con tal desfachatez que la hizo voltear a verlo con los ojos llenos de rencor.

-Para que no te enojes -prosiguió- mañana comeremos fuera -dijo y colocó las llaves sobre la mesa-, te estoy complaciendo así que deberías agradecérmelo.

Marnie se acercó al fregadero y empezó a lavar los platos  tomando breves bocanadas de aire para no perder los estribos y lanzarle la vajilla a la cara.

-¡De acuerdo! sólo tenlo en mente la próxima vez que te quejes porque nunca te saco de aquí -observó su reloj-.Será mejor que me vaya a dormir, estoy muy cansado -dijo y se marchó.

Un intenso frío recorrió su cuerpo hasta calar sus huesos. Daniel había dejado de ser el hombre de quien se había enamorado tiempo atrás. Ya no tenían nada en común y fue hasta ese momento que se percató de ello,ni siquiera las veces en que la engañó o las noches que no llegó la habían hecho dudar de su amor.

Su historia había terminado, intentó no aferrarse, arrancar el poco afecto que le tenía y reunir las fuerzas suficientes para marcharse, se había cansado de recoger las migajas del poco amor que él le daba.

Entró  a la recamara y lo vio dormido plácidamente como si nada le preocupara, sintió una terrible decepción y no por su actitud desinteresada sino por dejarse humillar de ese modo, de ninguna forma merecía eso.
Él no había cambiado y no lo haría nunca, sus promesas siempre habían sido vacías, a conveniencia.
Marnie pensó que tenía dos opciones, la primera era continuar a su lado y soportar sus desplantes, sus engaños, sus maltratos y la segunda era irse.
Se sentó a su lado hasta que el sueño la venció.

Cuando el sol entró por su ventana y Daniel tomó un profundo suspiro antes de abrir los ojos, ella ya no estaba, era libre.




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