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En quién confiar.

 Mientras pensaba sobre qué era conveniente hacer con mi vida, una mesera colocó un tazón de palomitas sobre la mesa. La observé extrañada, yo no había ordenado palomitas, no tenía con qué pagarlas.

-Disculpe, no ordené nada.


-Lo manda Marcos.


-¿Quién?


-Cortesía de la casa. Que lo disfrutes.


Hubiera preferido un filete o un sandwich, no había comido en todo el día y tenía muchísima hambre. Empecé a comer las palomitas y sentí la boca seca, tenía muchísima sed y se había terminado mi vaso de agua.


Él se acercó hasta mi mesa, se sentó sin pedir permiso y me ofreció un hot dog.


-¿De qué se trata todo esto?, estás cobrándote el favor.


-Pensé que un simple tazón de palomitas no era suficiente, son casi las 8, debes tener hambre.


-En realidad no.


-Pero yo sí así que comeré contigo si no te importa.


-No me importa, adelante.


-Pero este es tuyo, no me gusta comer solo.


-No tienes que hacerlo, no tengo dinero para pagar y no lo tendré porque no tengo trabajo.


-Pero qué casualidad, justo hoy se acaba de ir una de mis empleadas y necesitamos quien nos ayude. ¿te interesaría trabajar para mí?


-¿Haciendo qué?


-Sirviendo mesas.


-Supongo que podría hacerlo.


-Entonces ya está, todos mis empleados tienen derecho a consumir sin que se les descuente, puedes comer tranquilamente.


-Entonces no deberías sentarte conmigo, no había visto que el jefe se sentara a comer con sus empleados.


-Basta de perjuicios, provecho.


Miré a Marcos y pensé en lo afortunada que era por haber conseguido empleo sin siquiera buscarlo. Ahora solo tenía el problema de dónde dormiría.

Marcos era agradable, me hacía reír cada vez que hablaba sería interesante trabajar para alguien como él.


Cuando él se puso en pie, se perdió en medio de la pista, entonces aproveché su ausencia y corrí a la barra pero al llegar lo observé avergonzada, solo quería un vaso con agua, no iba a beber en horario de trabajo.


-Solo vine por agua.


-Te dije que podías consumir lo que quisieras.


-No suelo beber -respondí cortante y llena de desagrado.


Marcos se marchó y me quedé frente a la barra en silencio, Jen me sirvió un vaso y me dijo.


-No dejes que te envuelva, él es un mujeriego.


-Disculpa, ¿qué?


-Marcos, es un mujeriego. Claro que sus relaciones no son con las empleadas pero aún así tendría cuidado en tu lugar.


-Tengo muy en clara mi postura.


-Él es un mujeriego -repitió- mejor no te ilusiones o te romperá el corazón.Conozco esa mirada, él es encantador, te seduce, te hipnotiza, te envuelve con su galantería.


-Lo acabo de conocer, se portó increíble y no estoy interesada en tener algo que ver con él.


-Tuviste suerte entonces, no lo mires directamente a los ojos.


-Hablas con mucha experiencia.


-¿No quieres saber qué pasó?


-No estoy interesada en él y mucho menos en ti. Además, por qué crees que estoy interesada en él.


-Por favor, no nos hagamos tontas, Marcos es ardiente.


-Te equivocas conmigo.


-Sí claro -respondió y cruzó los brazos-, pero no digas que no te lo advertí cuando termine rompiéndote el corazón.


-Qué lástima me das.


Marcos se acercó a mí lado. Me encontró dispersa, el comentario de Jen me mantuvo incómoda un par de días, él era bastante persuasivo.

Pero por más que preguntó, no logró sacarme una sola respuesta.


-Qué fue lo que te dijo Jen.


-Nada, en serio.


-Deberías saber que esa chica me acosó una temporada, no es de caballeros decirlo pero mejor que sepas en quién depositas tu confianza.


-Claro.


-Si no me crees pregúntale a cualquiera.


-Por qué la tienes aquí.


-Porque espero a que mi abogado me ayude con esto.


Era difícil confiar en su palabra, no conocía ni a Jen ni a Marcos como para meter las manos al fuego por alguno de los dos, pensé en preguntarle a los demás pero en qué posición quedaría si lo hacia.

Decidí que el tiempo daría la razón a alguien.


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