Dominic.

Dominic Harrison era sin duda el hombre más obstinado que conocía. Desde niño su padre le dio poder ilimitado y eso lo hizo arrogante, insoportable.
Era muy guapo, eso fue lo que en un principio me atrajo de él cuando lo conocí en una pool party organizada por Ed.
Tenía un torso como de revista y me miraba con desdén cada vez que pasaba a mi lado, yo me sonrojaba y me volvía a la barra.
En medio de la noche y bajo las farolas se acercó a mi y se sentó a mi lado, sus nudillos rozaron ligeramente mi brazo haciendo que volteara.
Le dio un trago a su bebida y se aventó a la piscina, yo lo observé desconcertada.
Comenzaba a hacer frío y la mayoría de los invitados estaban ebrios cuando él me colocó una frazada encima de los hombros, al parecer ni él ni yo habíamos bebido lo suficiente como para caer inconscientes al suelo.

-No me gusta perder el tiempo con cursilerías, seré franco.

O más bien grosero, pensé, y me limité a escucharlo sin siquiera murmurar.

-Me gustas mucho y voy a besarte.

La idea de un preámbulo romántico se descartó en ese momento. Me tomó entre sus brazos y me besó, mentiría si dijera que opuse resistencia, también deseaba sus labios.
Era tan intenso y dominante que en un principio me hizo sentir en el paraíso. Fue hasta que sintió yo era su propiedad que las cosas cambiaron.

Me pedía combinara mi ropa de acuerdo a su corbata, que me peinara de cierta forma, siempre usara maquillaje y las joyas que me regalaba, nunca me dejaba salir sin tacones y yo siempre tenía que sonreír.
Mi madre estaba más que complacida con la relación, a mi padre no le importaba, él tenía sus propios asuntos. Fue hasta que se enteró hijo de quien era que comenzó a interesarse en que nuestro noviazgo fluyera.

-¿Cuánto tiempo te irás?

-No lo se, un semestre. Mi padre me dijo que el doctor Fuller es el mejor asesor que puedo tener.

-Supongo que no tengo de qué preocuparme.

Dijo y me mordió el labio hasta sacarme sangre, lo aparté de inmediato y me levanté del sillón furiosa. Dom estaba loco.

-¡Qué fue eso! ¡me lastimaste!

-Eres mía.

-Vete, tengo que preparar mi maleta.

-No me quiero ir -respondió retador.

-Pues entonces quédate, yo me voy a mi recamara.

-No te irás -dijo y me sostuvo de la muñeca hasta marcarme con sus dedos-. Aún no he terminado contigo, quiero que te quede claro que me perteneces.

Estaba temblando cuando dijo eso, bajé la mirada asustada, sabía que hablaba en serio.

-No es necesario que lo digas.

-Bien -dijo y me soltó.

-Iré a poner mi maleta.

-No -dijo y me estrujó mientras bajaba el cierre de mi vestido.

Limpié las lágrimas de mis ojos y bajé del auto, subí las escaleras y recorrí el pasillo rumbo a la oficina de Ethan. Toqué a su puerta y abrí antes de que me dijera que podía pasar, me sorprendió ver a mi padre.

-¿Qué haces aquí? -pregunté.

-Quería saber como vas con la tesis.

-Pudiste preguntármelo a mi, no había necesidad de que vinieras a molestar al doctor Fuller.

Sentí como se sonrojaban mis mejillas cuando pronuncié su nombre, para mí él era Ethan.

-No tengo inconvenientes en darle informes a tu padre Emma -dijo y se quitó los lentes para lanzarme una mirada llena de complicidad.

"Emma" que hermoso sonaba mi nombre en sus labios, sólo lo había dicho una vez y fue cuando quedamos atrapados por la lluvia en su auto, en medio del bosque. Agitado, lleno de culpa y arrepentimiento lo susurró cerca de mi oido antes de dejarse llevar por esa pasión desmedida y hacerme el amor.
Pareciera que me leyó el pensamiento porque volteó a verme como intentando acallar mis pensamientos.

-Bien, supongo que tienen que trabajar -dijo mi padre y se levantó del asiento.

-Sí.

-Por cierto Nicole me pidió que la llamaras ¿tienes su número?

-Sí, la llamaré después.

-Perfecto, te veré más tarde -dijo y me dio un beso en la frente.

De pronto di gracias que no me cuestionara por no llevar nada más que mi bolsa entre las manos, supongo que creyó llevaba la libreta o mi iPad en ella.
Ethan me hizo una seña con la mano y yo me senté, sentí que estaba enojado y eso me provocó un nudo en el estómago.
Él se acercó a la puerta y la cerró, mi corazón latió acelerado a la espera de que tomara entre sus brazos y me lanzara sobre el escritorio pero no fue así, esta vez no puso el seguro como siempre lo hacía.
Se sentó frente a mi y sacó uno de sus libros.

-Quiero que lo leas, pon atención especial a los capítulos 2, 4, 7, 15 y 24. Haz un resumen o toma nota de las ideas más importantes.

¡Es en serio! ni siquiera lo estaba escuchando, lo único que deseaba era lanzarme sobre él y llenarlo de besos. Sonreí descreída.

-Estas molesto ¿cierto?

-¿Perdón?

-No debí irme sin avisar, lo siento, pero era muy tarde, o temprano,  no quería despertarte.

Él se levantó de su silla y se acercó a la puerta para poner el seguro mientras yo seguía dado una explicación.

-Emma...jamás creí que me tomarías como algo serio -dijo sin preámbulos-, estoy consciente de que esto es una locura pero me molesta que no hayas tenido la delicadeza de hablar respecto a Dominic.

Mi padre, ese traidor, debería decirle a Nicole que es un mujeriego, que no espere sea fiel con ella, si lo hago mataría dos pájaros de un tiro.

-Yo no quería, es decir yo, o.k. sí, fue un error no haberlo mencionado antes pero...

-No estoy en posición de exigirte nada y no lo haré pero de verdad creo que deberíamos parar ahora.

-No -interrumpí como cuando a un niño le rompes una promesa, de esa misma forma desesperada y temerosa-, yo no lo amo, ni siquiera estoy enamorada de él, es que Dom esta obsesionado conmigo, en cierta forma, soy la única que le soporta sus berrinches, tal vez porque no me importa.

De pronto me descubrí secándome las lágrimas y pensé en Eddy, ¿si me trataba tan mal por qué seguía a su lado?
Ethan se hincó, me tomó de las manos y me miró compadeciéndome, eso me enfureció, me hizo sentir como una chiquilla tonta y berrinchuda. Recuperé la compostura, no quería que pensara que estaba dramatizando o era inmadura. Me puse en pie y tomé el libro entre mis manos, me acerqué a la puerta y sin mirarlo le quité el seguro.
Él sujetó mi mano y me giró hasta acercarme a su cuerpo.

-¿Por qué haces esto? -reprochó con dulzura- ¿por qué no puedo simplemente alejarte de mi y olvidarme de todo esto que ha pasado entre nosotros?

Colocó su frente sobre la mía y yo cerré los ojos, estaba temblando, no de miedo sino de ira por mi cobardía.
Me mordí el labio y pude saborear la sangre que brotaba de el, ese intenso dolor que disfruté por un minuto a modo de castigo me hizo reaccionar.

-Quiero estar contigo, no con él -susurré.

-Estas conmigo -dijo y me besó el cuello hasta hacerme estremecer.






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