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Nicole.

Estaba sentada en el lujoso diván francés de color ocre y grabados dorados en espera de que ella saliera por el pasillo con su vestido de novia.
Ni siquiera se porqué acepté acompañarla, era una locura, si mi madre se enterara pegaría el grito en el cielo y se molestaría conmigo.
Por solidaridad con ella tenía que odiarla, por la forma en que se había "apoderado" de la voluntad de mi padre también. De hecho tenía muchísimas razones para odiar a su querida.
Con estas ojeras más que su hijastra parecía su madre, necesitaba descansar.
Me froté los ojos, a penas había podido dormir, había salido de la casa de Ethan poco después de las 4 y cuando llegué a casa Lú estaba en la cocina tomando café, ¿quién toma café a las 4? más bien parecía que estaba esperándome.
Esa mujer a veces es como una patada en el hígado, siento que me observa, me juzga y me critica con los demás sirvientes de la casa.

-¿Y bien?

Tan inmersa estaba en mis pensamientos que no me había percatado de la presencia de Nicole. Estaba sobre la tarima con un vestido corte sirena y escotado, el cinturón que llevaba le acortaba el talle pero eso no era algo que me importara, por mi que se viera fea.

-Bien, te ves bien -sonreí tratando de controla mi ironía.

-No pareces convencida, me probaré otro -dijo y tomó el vestido por la orilla, antes de bajar se detuvo pensativa-. Tengo una idea mejor, dejaré que tu escojas el vestido que más te agrade y me lo probaré.

-No creo que sea buena idea, es tu boda, no puedo hacer eso.

-¡Anda! serás mi hijastra y tu opinión es importante para mí.

Si su opinión fuera importante para mi dejaría a mi padre en paz.

-No lo creo.

-Al menos dime cómo te gustaría que fuera el vestido.

-Cubierto.

Ups, ¿lo dije o lo pensé? de pronto palidecí, mi subconsciente me había traicionado. De verdad no quería estar involucrada en absolutamente nada que tuviera que ver con la boda.

-Creo que tengo uno así -dijo la modista y condujo a Nicole rumbo al vestidor.

Ella es tan insoportable, si mi padre no me hubiera suplicado que viniera no estaría aquí. Hubiera dado lo que fuera por quedarme con Ethan, amanecer entre sus brazos y hacer el amor una vez más antes de que sonara el despertador, y otra, y otra hasta que no tuviéramos fuerzas para levantarnos de la cama.

-¿En quién piensas?

¡Otra vez me había tomado por sorpresa!

-Vaya que eres sigilosa, no te vi llegar -dije.

-Es porque estas completamente anonadada. ¿Me dirás en quien piensas?

-En nada.

-¡Vamos! te prometo que no le diré a tu padre.

-Sabes Nicole tengo que irme -dije y tomé mi chamarra.

-Ni siquiera me has dicho qué te parece este vestido.

-Es lindo -sonreí-, ahora si me disculpas tengo que...olvidé que tenía otra cosa que hacer, te veré otro día.

Necesitaba ver a Ethan, quizás estaría molesto por la forma en que me fui de su casa, ni siquiera me despedí de él, aún tenía impresos sus besos en mi cuerpo y no quería que esa sensación desapareciera.
16 años, era casi toda una vida, cuando yo nací él probablemente ya tenía novia, quizás desde hace mucho había perdido su virginidad con esa chica de la fotografía que oculta celosamente detrás del reloj de madera que tiene en su librero.
Pero eso no importaba, ahora yo estoy en sus brazos, a mi es a quien  desea, a mi me hace el amor.
Al llegar a la universidad vacilé antes de bajar del auto, una llamada perdida de Dominic me produjo un sobresalto.
Oh Dios, qué estoy haciendo, debería terminar de una vez por todas con...con él. Decirle la verdad, dejarme de juegos.

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