Scott

Los mismos ojos azules, hipnotizantes, llenos de algo que la hacía temblar. Su sonrisa seguía siendo atrevida y perfecta. Los años solamente lo habían hecho más atractivo e interesante.

Ella siempre tuvo la impresión de que él le coqueteaba abiertamente. Se sonrojó y trató de disimular su nerviosismo enroscando su cabello con la horquilla, un torpe movimiento de su mano hizo que ésta cayera arbitrariamente al suelo.
Ambos se agacharon a recogerla. Scott tomó deliberadamente la mano de Irina y la ayudó a levantarse.

—Ésta vez no te escaparas, te invito a comer.

—Tengo un caso que atender —Irina se apartó de inmediato de él.

—Lo sé, Brandon. Déjalo, merece un escarmiento, no le caerá mal estar un rato encerrado.

—Supongo entonces que lo has defendido antes.

—Digamos que no es la primera vez. Te puedo garantizar que no merece el tiempo que inviertes en él.

—Es mi trabajo, no debe agradarme alguien para defenderlo.

Scott sonrió sin apartar su mirada de Irina, era tan penetrante que ella se sintió vulnerable. La única forma en que se sintió segura por un momento fue dándole la espalda. Él se acercó sigilosamente a ella, acarició suavemente su cabello, lo tomó por entre sus dedos y lo enroscó hasta sujetarlo con la horquilla.
Irina se quedó perpleja ante la con anza que se había tomado de sujetarle el cabello sin su consentimiento. Su cercanía la desconcentró. Volteó de inmediato, sin poder ignorar el delicioso aroma de su perfume, lo miró a los ojos completamente ruborizada. Sin darse cuenta, se mordió el labio provocando que él desviara su mirada hacia su boca.

—Tengo que irme Scott —su corazón latía acelerado y su respiración se entrecortó.

—Pasaré a buscarte mañana después de la una, iremos a un lugar que te encantará.
Surgieron en Irina muchas dudas sobre los métodos que él usaría para saber dónde encontrarla pero se contuvo, quería terminar ya con esa incomoda conversación e irse a casa, así que tomó sus cosas y salió del juzgado con una breve sonrisa. 

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