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Cuarentena.

-Nunca me gustó su nombre, jamás imaginé casarme con alguien que se llamara así, no me gustaban los hombres altos, prefería colgarme del cuello de uno que no me hiciera levantarme de puntas.

-Logan es muy alto.

-Lo es, ¿no te parece extraño su nombre?, digo cómo le dices de cariño.

-¿Cómo lo llamabas tú?

-Amor, oye tu, nunca le dije por su nombre. Me chocaba su nombre, me parecía tan extraño.

-¿Cómo te sentirías si lo vieras con alguien más?

-No lo sé, me molestaría tal vez. Debería empezar a hacerme a la idea digo es guapo, por qué no habría de encontrar a alguien.

-Lo dices con mucha madurez.

-Odiaba el color de su cabello, era tan negro, nunca me gustaron los hombre de cabello negro, siempre me imaginé casada con un rubio. Cada vez que se bañaba se le hacían esos aros en el cabello, me gustaba enredar mis dedos en ellos y mirarlo a los ojos, esos ojos de color indefinido. Hay tantas cosas que no me gustan de él, ni siquiera sé por qué nos casamos, tal vez presionó demasiado.

-Te quería.

-Más de lo que yo a él al principio, ahora todo es diferente. 

-¿Cómo te sientes respecto al divorcio?

-Me siento personalmente fracasada Ileana. No sé qué haré o cómo voy a vivir después de esto. Lo odio tanto que quisiera estar a su lado para hacerle la vida miserable.

-Necesitas sanar las heridas lejos de él.

-No quiero volver a verlo en lo que me queda de vida.

-Tendrás que verlo, al menos hasta que firmes el divorcio.

-Iremos en horarios diferentes.

-¿Qué hay con las cosas que están en la casa?

-Sus cosas, he pensado tirarlas a la basura.

-¿No crees que empeoraría todo?

-Me da igual, ya no tengo que quedar bien con él, lo que piense me tiene sin cuidado.

-Bien Ela, solo procura ser madura, después de todo ambos son adultos.



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