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Día 15.

Durante el transcurso de la mañana hubo un temblor tan fuerte y tan largo que creímos el mundo terminaría en ese momento.
Dañó severamente varias construcciones, algunos edificios cayeron, hubo desaparecidos, gente histérica, entramos en pánico, los niños estaban en la escuela y caminar era casi imposible, el suelo se movía.

El tráfico estaba parado así que corrí por las calles, sentí que jamás llegaría a la escuela, estaba agobiada, me faltaba el aire y mis pensamientos eran absorbidos por una sola idea, ¿cómo están mis hijos?, ¿la escuela está bien?

Al llegar a la escuela había una conglomeración de padres, las autoridades estaban dando avisos, los niños en medio de un terrible llanto, las cosas no importaban solo debíamos llevarnos a nuestros hijos.
Me sentí como en la decisión de Sofí, tenía que ir primero por uno y después por el otro porque estaban en diferentes edificios, pero ¿por cuál ir primero?, por el más indefenso.

Mi esposo no había reaccionado tan rápido como yo y antes de entrar a la escuela mi tío estaba ahí, dispuesto a ayudarme, a ayudar a quien lo necesitara como siempre.
No le importó cerrar su negocio, para él estaban primero los niños a los que consideraba sus nietos.

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