Ir al contenido principal

Día 13.

Estamos  aislados totalmente del exterior, no hay nadie en las calles, ni siquiera perros callejeros y nadie quiere salir, todos estan tomado vacaciones, se preparan para los días siguientes, aquellos en los que por costumbre los dedican a rezar, visitar templos, reflexionar.

Nosotros cruzamos el patio, corremos, subimos y bajamos escaleras, me imagino quienes solo tienen cuatro paredes la agonía por la que deben estar pasando.
Se me ocurren mil cosas para hacer dentro de casa, a veces cocinamos, limpiamos, pintamos, nos asomamos por la ventana pero nada pasa, son días aburridos.
La mayoría de la gente está de vacaciones lejos de la ciudad, nosotros siempre nos quedamos.

Adelantamos tareas, estudiamos, cantamos, cocinamos, corremos, jugamos, escuchamos música.

Mi tío no ha abierto su taller pero trabaja al interior, lo sé porque se escucha la música del radio y a veces lo escucho cantar, su música es extraña, ni vieja ni nueva.

El fin de semana se casa mi prima, no iremos, mi hijo menor está enfermo y yo tengo que entregar unas cosas.


Comentarios

Entradas populares de este blog

Regresa a mí...

Leyó la última frase de la carta en repetidas ocasiones. Le mortificó la idea de pensar que él se había marchado para siempre. Scott tocó la puerta, entró cuando ella no respondió a su llamado. La miró fijamente sin decir una palabra. Supo que su amor no era correspondido. El recuerdo de aquel antiguo novio era más fuerte de lo que creyó.

Nuevo libro, Nueva edición

Les cuento que el libro está ya disponible en varias plataformas para su venta y con una nueva edición. Amazon Itunes Kobo Scribd Page Foundry Oysterbooks

Alguien a quien solía conocer.

Corría el sábado 4 de diciembre de 1999, eran poco más de las tres de la tarde y el sol brillaba en todo su esplendor. La tarde era estática, el aire no soplaba y no había ruido en las calles. El timbre de la puerta sonó y mi corazón palpitó lleno de emoción y nervios. A pesar de que habíamos estado hablando por teléfono desde hacía ya cuatro meses nunca nos habíamos visto en persona. Esa sería la primera vez. Cuando bajé las escaleras me postré frente a la puerta, tenía la opción de no abrir y perder la oportunidad de conocerlo, sin embargo abrí mi mundo a un sin fin de posibilidades.  Él estaba parado con un ramo de flores y una caja de chocolates, sonrió y me abrazó al conocerme, entonces mis ojos brillaron y correspondí a sus atenciones con una sonrisa y un abrazo. No era feo, no era guapo pero había algo en su mirada que me capturó por completo. Teníamos muchas cosas en común, eramos más que amigos, nos conocíamos a fondo a pesar del abismo que nos separaba, éramos almas gemelas,