Día 14.

Las vacaiones estaban próximas, el sol empezaba a ser agobiante y el aire soplaba tibio por las tardes. La gente estaba de mejor humor y las actividades en la escuela eran cada vez más relajadas.
La primavera se acercaba y con ella un sin fin de actividades.

Mi prima Noemí se casaría en dos semanas, nos habían invitado a la fiesta. Noemí había huído con quien sería su esposo cuando tenía 17 años, tenía dos hijos de 14 y 12 años y consideró que sería prudente casarse por el bien de ellos.

Todos estaban entuciasmados, él había mandado su traje a la tintorería desde hacía una semana y esa misma tarde boleó sus zapatos.

Yo no estaba tan emocionada con su boda o con la invitación, mi hijo había estado enfermo durante mucho tiempo y mi ánimo estaba por los suelos.
Mis tíos en cambio estaban felices, sería la quinta vez que se convertirían en padrinos de anillos, la primera fue con nosotros y no solo eso, también me llevó al altar, me sujetó del brazo y me dijo "todo saldrá bien" cuando creí que todo saldría mal porque no habían conseguido las flores que pedí y luego, al entregarme a mi esposo le pidió que me cuidara, justo lo que un padre habría hecho.



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