Cerró los ojos.

No era el momento, se lo repitió varias veces antes de quedarse dormida.
El estruendo de un relámpago chocando contra el pavimento la hizo despertar, su corazón palpitó agitado.
Se levantó y se acercó a la ventana, observó la calle vacía y el agua resplandeciendo con la luz de la farola.
Se sentó en la sala y su gato se echó encima de su regazo como si supiera lo sola que se sentía.

Habían pasado 2 meses desde que Paul se había marchado y sin embargo sus cosas estaban en el mismo lugar, esperando,igual que ella a que él recapacitara y entrara corriendo por la puerta pidiéndole perdón.



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