Ir al contenido principal

La ciudad de las tormentas...

En mis sueños y en mis pesadillas, siempre aparecía el mismo lugar, triste, lúgubre.
La morada de mis depresiones y angustias, esa casa en la que crecí desde la cual observaba la vida pasar desde mi ventana.
Cuando era niña me ocultaba detrás de las cortinas e imaginaba que algún día saldría de mi eterno encierro, que pasaría de largo y no volvería.
Cuando me fui, el cielo comenzó a brillar, no hubo días nublados pero al cabo de 10 años regresé.

Para mi sorpresa o mi descontento todo seguía exactamente igual, la misma gente, el mismo árbol que crecía torcido junto al camellón, aquel viejo bache que con el tiempo parecía tener más profundidad, las paredes desgastadas y la soledad.

Luego de una semana el sol dejó de brillar, compartió mi agonía.

Comencé a creer que me encontraba en la ciudad de las tormentas porque el cielo siempre era de color gris y cientos de nubes negras se postraban en lo alto amenazando con soltar tremendo aguacero pero al final, nunca pasaba, solamente se mofaban de mí.

Entre aquellas paredes frías de ese triste lugar estaba muriendo en vida.

Comentarios

Entradas populares de este blog

Regresa a mí...

Leyó la última frase de la carta en repetidas ocasiones. Le mortificó la idea de pensar que él se había marchado para siempre. Scott tocó la puerta, entró cuando ella no respondió a su llamado. La miró fijamente sin decir una palabra. Supo que su amor no era correspondido. El recuerdo de aquel antiguo novio era más fuerte de lo que creyó.

Nuevo libro, Nueva edición

Les cuento que el libro está ya disponible en varias plataformas para su venta y con una nueva edición. Amazon Itunes Kobo Scribd Page Foundry Oysterbooks

Alguien a quien solía conocer.

Corría el sábado 4 de diciembre de 1999, eran poco más de las tres de la tarde y el sol brillaba en todo su esplendor. La tarde era estática, el aire no soplaba y no había ruido en las calles. El timbre de la puerta sonó y mi corazón palpitó lleno de emoción y nervios. A pesar de que habíamos estado hablando por teléfono desde hacía ya cuatro meses nunca nos habíamos visto en persona. Esa sería la primera vez. Cuando bajé las escaleras me postré frente a la puerta, tenía la opción de no abrir y perder la oportunidad de conocerlo, sin embargo abrí mi mundo a un sin fin de posibilidades.  Él estaba parado con un ramo de flores y una caja de chocolates, sonrió y me abrazó al conocerme, entonces mis ojos brillaron y correspondí a sus atenciones con una sonrisa y un abrazo. No era feo, no era guapo pero había algo en su mirada que me capturó por completo. Teníamos muchas cosas en común, eramos más que amigos, nos conocíamos a fondo a pesar del abismo que nos separaba, éramos almas gemelas,