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Primer amor.

La tarde del 31 de octubre Matt llamó a Irina para avisarle que había surgido un problema con una factura y que debía tomar un taxi para llegar al trabajo. 
Una sorpresiva lluvia cayó sobre la ciudad, las campanas de la catedral comenzaron a resonar constantes ante las fuertes ráfagas de aire que acompañaban a la lluvia, era más bien una tempestad que comenzaba a causar estragos en el tráfico.
Irina bajó del taxi y decidió caminar hasta la cafetería, tenía suerte de ser sobrina de la dueña, de otra forma hace tiempo que se hubiera quedado sin empleo. 
Buscó su sombrilla inútilmente. Apresuró el paso cruzando entre los autos que habían aparcado en las calles debido a una falla eléctrica en los semáforos provocada por la lluvia. Corrió por el corredor central hasta cobijarse bajo los arcos del museo Diego Rivera. Estaba completamente empapada y pronto comenzó a temblar de frío.
Sacó su celular de la bolsa y miró la hora, casi las cinco, fue entonces que decidió enviar un mensaje a Matt para avisarle de su retraso.
 Justo antes de darle Enviar, sintió que alguien le cubría los ojos. Si al principio temblaba de frío, ahora temblaba de nervios ante la incertidumbre de no saber quién le cubría los ojos. Entonces decidió sentir las manos que le cubrían los ojos.
Eran suaves, los dedos largos como de pianista pero gruesos con las puntas chatas. Llevaba las uñas perfectamente cortadas. La calidez que irradiaba de ellas le provocaba una sensación de bienestar y tranquilidad, se sintió protegida. Siguió recorriéndolas hasta que sintió un enorme reloj en la muñeca de una de ellas. Perpleja, imaginó de quién se trataba, Joshep  estaba ahí.
De inmediato gritó su nombre llena de sorpresa y se giró.
Incrédulo ante el descubrimiento la miró asombrado.

-¿Cómo supiste que era yo?

-Por tu reloj, eres la única persona que conozco que tiene un reloj excesivamente grande.

-¿Así que te parece que es demasiado grande para mi muñeca?

-Demasiado grande para cualquier humano -bromeó.

-Me da mucho gusto encontrarte sin haberlo planeado Irina -después de admirarla brevemente, se quitó la chamarra de cuero negra que llevaba y la colocó sobre sus delicados hombros-. ¿De dónde vienes? Estas completamente empapada. Podrías enfermarte.

-Lo sé. Matt no pudo pasar por mí así que tomé un taxi. Me desespera el tráfico, en especial cuando llueve, así que decidí correr, por lo general traigo sombrilla pero cambie de bolsa y la olvidé. Fue tonto de mi parte bajarme del taxi sin antes buscarla.

Irina olvidó por completo que no había enviado el mensaje, guardó instintivamente el celular en la chamarra de Joshep–, por cierto  ¿qué haces por aquí?

-Vine a comprar un libro para mi hermana. Mi madre me llamó anoche diciendo que no lo encontraba por ninguna parte así que me encomendó la labor de buscarlo.

-¿Y dónde está?

-Dentro de mi chamarra. Creo que debemos festejar la coincidencia de alguna forma.

-¿Cómo?
-¿Por qué no vamos a tomar un café? Tu tía tiene una cafetería, ¿cierto?

-¡No! Es decir sí, pero podríamos ir a otro lugar, no creo que sea buena idea que Matt o mi tía nos vean juntos. Además te sentarías sólo, yo tendría que trabajar.

-¿Por qué no pueden vernos juntos? Somos amigos, no es que te esté pervirtiendo o algo así pero bueno. Respeto tu decisión. ¿Qué te parece si entramos al museo?

-Pensé que querías ir a tomar un café.


-¿Cómo? ¿Trabajas en una cafetería y no sabes que dentro del museo esta una de las cafeterías más famosas de la ciudad?

-No. Es decir, sí, trabajo en una cafetería pero no es que este inmersa absolutamente en ese mundo.

-Bueno pues entonces es la ocasión perfecta para que la conozcas. Estamos afuera del Café Antigua, es una cafetería estilo barroco.

Irina y Joshep recorrieron los fríos pasillos del museo hasta llegar a un portón de madera. Entraron y observaron un hermoso jardín cubierto con un vitral de varios colores por el cual se filtraba la luz que los acogía en medio de la lluvia. Al fondo había una pequeña cascada artificial rodeada de flores exóticas. 

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