El hilo rojo.

Anna entró a la oficina de Warren, se quedó parada junto a la puerta un par de segundos antes de que él la invitara a sentarse.
Warren era un hombre maduro, tendría al menos 30 años y ella casi 18. Era sumamente atractivo, tenía los ojos verdes y el cabello rubio, barba tupida perfectamente delineada. Le sonrió, como si hubiera estado esperado ese momento desde que la conoció y con un movimiento de su mano le indicó donde debía sentarse.
Él tenía algo en su mirada que le provocaba cierta incomodidad.

-Siéntate por favor. ¿Te ofrezco algo de tomar?

-Estoy bien gracias.

-Supongo que tu presencia aquí no se trata de una simple visita -Anna movió la cabeza y bajó la mirada-. ¿Consideraste mi oferta?

-Sí.

-Asumo entonces que aceptas mi propuesta.

-Eso depende.

-¿De qué?

-De que usted este de acuerdo en dos cosas.

-Háblame de tú, me haces sentir viejo.

-Lo siento -se sonrojó.

-Te escucho.

-Aún no cumplo 18, no quiero meterlo en problemas.

-De eso me encargo yo, ¿Cuál es la segunda?

-Quiero asegurarme de que mis funciones sean exclusivamente las que acordamos.

-Escucha, sé que no tengo una buena reputación pero te garantizo que estarás a salvo aquí, me aseguraré de que nadie te ponga las manos encima, firmarás un contrato y no harás nada que no venga implícito en el mismo.

-Respecto a los horarios...

-Seré flexible, entiendo que estas estudiando.  ¿Algo más?

-No quiero usar mi nombre verdadero.

-Puedes llamarte como quieras.Entonces Anna, ¿cuándo deseas empezar?

-Esta misma noche si así lo quieres.

-Le diré a Miriam que te de tu uniforme.

-Oh, entonces tendré que usar esa diminuta falda...vaya.

-¿Hay algún problema?

-No, es solo que no suelo vestirme tan ajustada, esta bien es el uniforme, creo -dijo tratando de convencerse.

-Anna, relajate, estarás bien.






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