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3 meses después.

Corría el año de 1999, la llegada del año nuevo  estaba cerca y no había nada diferente excepto la promesa de conocernos.

Luego de hablar 3 horas diarias por teléfono, de escribirnos interminables correos o encontrarnos en el messenger, decidimos conocernos.
Al principio fue por una amenaza, la amenaza de no volver a saber nada de él y después fue el interés, el interés de vivir una aventura.
Éramos tan afines, como si estuvieramos cortados por la misma tijera, pensabamos lo mismo, teníamos los mismos intereses y nos reíamos de las mismas tonterías.
¿De verdad quería conocerlo?, el hacerlo representaba el fin de la magia.
Mientras hablaba por teléfono con él y observaba fijamente el poster de Jean Claude-Van-Damme en mi puerta pensaba en lo afortunada que había sido por haberlo encontrado.

Él era todo lo que nunca había imaginado,  jamás hubiera volteado a verlo en la calle, ni siquiera hubiera accedido a salir con él pero era agradable, estar a su lado era lo mejor, aunque en ese momento no lo creí así.

Dicen que los amores más intensos son también los más breves y puede ser, a 20 años de haberlo conocido aún pienso en él y sé, que donde quiera que esté él también piensa en mi.

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Leyó la última frase de la carta en repetidas ocasiones. Le mortificó la idea de pensar que él se había marchado para siempre. Scott tocó la puerta, entró cuando ella no respondió a su llamado. La miró fijamente sin decir una palabra. Supo que su amor no era correspondido. El recuerdo de aquel antiguo novio era más fuerte de lo que creyó.

Alguien a quien solía conocer.

Corría el sábado 4 de diciembre de 1999, eran poco más de las tres de la tarde y el sol brillaba en todo su esplendor. La tarde era estática, el aire no soplaba y no había ruido en las calles. El timbre de la puerta sonó y mi corazón palpitó lleno de emoción y nervios. A pesar de que habíamos estado hablando por teléfono desde hacía ya cuatro meses nunca nos habíamos visto en persona. Esa sería la primera vez. Cuando bajé las escaleras me postré frente a la puerta, tenía la opción de no abrir y perder la oportunidad de conocerlo, sin embargo abrí mi mundo a un sin fin de posibilidades.  Él estaba parado con un ramo de flores y una caja de chocolates, sonrió y me abrazó al conocerme, entonces mis ojos brillaron y correspondí a sus atenciones con una sonrisa y un abrazo. No era feo, no era guapo pero había algo en su mirada que me capturó por completo. Teníamos muchas cosas en común, eramos más que amigos, nos conocíamos a fondo a pesar del abismo que nos separaba, éramos almas gemelas,

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