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Día 17.

La gran persona que era.

Nunca imaginas la cantidad de personas que pasan por tu negocio, con las que platicas y estrechas lazos. La mayoría de las veces crees que las personas están ahí solo ocupándose de sus asuntos sin intimidar.
Consideraba que mi tío era callado, no me di el tiempo de conocerlo mejor, sabía que era buena persona, que sabía escuchar, era tranquilo pero cuando se enojaba explotaba y azotaba la puerta y salía de la casa queriendo un respiro de todo lo que lo agobiaba.
Tenía dos hermanos, él era el de enmedio. Sobre el que recaía el peso de ganarse a los demás por sus méritos y no por ser el más pequeño o el mayor.

Los viernes Erick, el menor de los tres venía a visitarlo, tomaban una cerveza, platicaban un par de horas, se sentaban en la terraza y antes de irse empezaba a quejarse sobre sus carencias, entoces mi tío sacaba un fajo de billetes y se lo daba.
 Esa fórmula la repetía Erick con frecuencia, así obtuvo la casa donde vivía, el coche y dinero para las colegiaturas de sus hijos. ¿Mencioné que Erick no tenía un trabajo estable?

Cuando regresaba al taller a trabajar, por ahí de las 5 de la tarde, el sol entraba por la ventana izquierda, él se sentaba frente al torno y entonces entraba un cliente, le platicaba sobre los problemas que había tenido aquel día y la falta de dinero que tenía, lo mucho que necesitaba su moto, mi tío entonces no le cobraba, sonreía, ajustaba sus lentes y le daba una palmada en la espalda "lo dejamos para la otra" decía.

Cierto o no, tenía un gran corazón, siempre estaba dispuesto a ayudar a los demás.

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