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día 18.

Las actividades de la escuela eran agobiantes, durante la semana tuvimos dos juntas y una ceremonía.
Terminé de cocinar y salí a tirar la basura, él estaba en la puerta sujetando una moto.
Hablaba con un cliente y reía a carcajadas, no quise interrumpir, preferí darme la vuelta y volver a la casa.

Como pasaba el resto de la semana lo único que no hacíamos era hablar, a veces obvias la presencia de las personas, te parece que siempre estarán ocupando el mismo lugar, haciendo las mismas cosas y resulta que no.

Mi tío tenía un taller exclusivo para motos.
Él provenía de una familia adinerada que tenía una empresa de fundición de metales, mi tía, su esposa era secretaria, así se conocieron.
Cuando la empresa quebró por las malas administraciones de la familia y el sindicato se apoderó de las instalaciones, él se quedó sin trabajo y con una mala reputación.
Entonces mi familia lo apoyó y lo ayudó a emprender, una de las hermanas de mi tía le rentó un local, así puso su taller, su hobbie se convirtió en su oficio y así empezó todo.

Pasaba la mayor parte del día trabajando, a veces salía a probar las motos, recorría las calles saludando a todos los que se encontraba en su camino y lo conocían.
Su taller cumpliría 15 años pero emprender no fue fácil.

Había días en los que no se paraba ni una mosca en el lugar, de pronto las cosas empezaron a mejorar y un día tuvo clientes, no sabía componer las motos en su totalidad pero eso no lo detuvo para aprender hasta que se hizo experto y empezó a tener contratos de empresas importantes.
Él vio crecer su negocio atraves de los años.
Saber que lo encontraría trabajando si pasaba por la calle me hacía sentir segura.


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