Ir al contenido principal

Error

¡Cuánta hipocresía guardaban sus palabras! después de todo fue él quien había tomado sus cosas la primera vez.
Yo me quedé parada junto a la ventana. Vi como salió de la casa con la maleta de piel que nos regalaron el día que nos casamos.
Subió al auto que compramos juntos y se marchó de aquel lugar en el que formamos un hogar.
Lloré en silencio para no despertar a los niños. Sufrí tantas noches su ausencia.
No hay mal que por bien no venga. Él regresó, con la cola entre las patas, me miró como un perro mira a su amo pidiendo perdón. Con el agua de la lluvia escurriendo por encima de su rostro, pálido, asustado. Con su cabello ébano embarrado y su barba de medio día.
Lo miré como se mira a un extraño, a alguien que te ha hecho tanto daño.No sentí nada, ya ni para odio daba éste corazón.
Me dijo “Fue un error, perdóname…”
¿Error? ¡Error es marcar a un numero equivocado! Error es tocar el timbre de otra dirección.
¡Error es haberme casado contigo!
Admito que estaba dolida. Algunas cosas no se superan, ni aunque pasen mil años u otra vida.
Pero, ¿acaso no fue él quien tuvo la culpa? o quizá fue descuido de los dos. Vivir juntos cuando desde el principio nos unía solo la soledad.
A. Holt.

Comentarios

Entradas populares de este blog

Regresa a mí...

Leyó la última frase de la carta en repetidas ocasiones. Le mortificó la idea de pensar que él se había marchado para siempre. Scott tocó la puerta, entró cuando ella no respondió a su llamado. La miró fijamente sin decir una palabra. Supo que su amor no era correspondido. El recuerdo de aquel antiguo novio era más fuerte de lo que creyó.

Nuevo libro, Nueva edición

Les cuento que el libro está ya disponible en varias plataformas para su venta y con una nueva edición. Amazon Itunes Kobo Scribd Page Foundry Oysterbooks

Alguien a quien solía conocer.

Corría el sábado 4 de diciembre de 1999, eran poco más de las tres de la tarde y el sol brillaba en todo su esplendor. La tarde era estática, el aire no soplaba y no había ruido en las calles. El timbre de la puerta sonó y mi corazón palpitó lleno de emoción y nervios. A pesar de que habíamos estado hablando por teléfono desde hacía ya cuatro meses nunca nos habíamos visto en persona. Esa sería la primera vez. Cuando bajé las escaleras me postré frente a la puerta, tenía la opción de no abrir y perder la oportunidad de conocerlo, sin embargo abrí mi mundo a un sin fin de posibilidades.  Él estaba parado con un ramo de flores y una caja de chocolates, sonrió y me abrazó al conocerme, entonces mis ojos brillaron y correspondí a sus atenciones con una sonrisa y un abrazo. No era feo, no era guapo pero había algo en su mirada que me capturó por completo. Teníamos muchas cosas en común, eramos más que amigos, nos conocíamos a fondo a pesar del abismo que nos separaba, éramos almas gemelas,