El hilo rojo 4

Los mismos monstruos que aterrorizaron a Sky por la noche despertaron con ella en la mañana.
Bajó las escaleras en completo letargo como si estuviera bajo la influencia de algún alucinante, en completo estado de inconsciencia y distorsionando la realidad.
Todos la miraron con compasión, compungidos y profesando una inexplicable lastima. Ella sonrió restándole importancia, caminó rumbo a la sala y cuando cruzó el pasillo se miró en el espejo que estaba colocado en la pared.
Su suéter negro de cuello alto y el cabello recogido en un chongo, sin nada de maquillaje y con unas ojeras pronunciadas la hicieron cuestionarse si todo era parte de un sueño o de verdad había pasado.
Intentó sonreír pero su boca no pudo curvarse, como si hubiera perdido su esencia.Cuando entró a la sala vio la foto de Axel y entonces recordó el accidente.
Cerró los ojos y sintió que todo le daba vueltas, Robert, su padre la detuvo del brazo y la miró fraternal.
Necesitaba salir de ahí antes que la inmensa tristeza que sentía terminara por arrancarle la vida.

-Todo estará bien -dijo  intentando calmarla-. Algún día despertarás de esta pesadilla y cuando eso suceda verás las cosas de otro modo.

-¿Dime cómo lo hiciste? ¿cómo superaste la muerte de mamá? porque siento que esta angustia me sofoca pero sigo aquí -susurró llena de dolor intentando contener sus lágrimas.

-Llora hija, llora hasta que no puedas más.

-¿Señora Miller, podemos empezar? -preguntó el sacerdote.

-Háganlo ustedes yo necesito tomar un poco de aire.

Sky salió corriendo de la casa, afuera todo lucía diferente.El sol brillaba de manera peculiar y el aire trajo consigo el exquisito aroma del pasto recién regado y la tierra húmeda.

Tomó una profunda bocanada de aire y cerró los ojos, por un segundo dejó de pensar y se centró en sentir el aire rozando delicadamente su rostro, como si intentara secar sus lágrimas sin tocar su rostro.




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