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La partida.

Al cerrar la puerta todos sus recuerdos pasaron a formar parte de su memoria.
Se dio cuenta que sería la última vez que utilizaría el elevador  y pensó en las incontables veces en las que subió a su departamento con las manos llenas de bolsas, con la compañía de vecinos incómodos o acompañada por su reflejo en el espejo.
Las madrugadas en las que salía a correr al parque o las noches en las que regresaba cruzando la ciudad a pie para admirar las majestuosas luces de los edificios y los espectaculares.
Las veces que se sentó en medio del camellón con los ojos cerrados sintiendo el aire sobre su rostro.

Recordó la primera vez que llegó a la ciudad, lo triste y sola que se sintió al no conocer a nadie, la nostalgia que la inundó al pensar en todo lo que había dejado atrás pero, el tiempo pasó tan rápido que 10 años más tarde aprendió a amarla, perteneció a ese lugar.

Salió por última vez del edificio con el aire gélido que soplaba intentando abrazarla,con las hojas secas que se levantaban del suelo y formaban círculos.
Se subió a su auto, ajustó el espejo y encendió el motor.Y como si la ciudad se entristeciera por su partida hubo un inexplicable silencio, no había tráfico,ni gente, ni smog.
Había vivido una gran historia y eso llenó su corazón de júbilo.
Derramó un par de lágrimas y después de eso se secó los ojos y sonrió, aún le quedaba un gran camino por recorrer.

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