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Vuelta a la página.

 Ben nunca sabría la verdad, cada día que pasaba me convencía más de eso porque tenerlo cerca solo me hacía pensar que no quería perderlo.

Había cometido un gran error al no decirle lo que había pasado durante mi viaje a Medellín y lo sabía pero era tarde para arrepentimientos, lo hecho, hecho estaba. 

Tras salir del rosario en casa de la tía Tete, me invitó a cenar. Ni siquiera sabía porqué había aceptado  su invitación, su cercanía me ponía nerviosa, tanto que no podía pensar o hilar una frase coherente.

Por su parte él no dejaba de hablar, me miraba de una forma que me incomodaba de modo que me mordía el labio y miraba a todos lados evitando el contacto visual. Deseaba tanto lanzarme a sus brazos y decirle lo mucho que lo amaba, que había cometido un gran error al posponer la boda. Pero habían pasado 8 meses desde que nos vimos por última vez, no podía actuar como si nada hubiera cambiado entre nosotros, técnicamente ya éramos un par de desconocidos saliendo en una primera cita...saliendo.

Me concentré en los vitrales, pensé en que sería buena idea iniciar un nuevo hobbie y dedicarme a pintar.

-¿Te gusta?

-Qué.

Él sonrió, le dio un trago a su vaso de agua y prosiguió.

-El lugar.

-Ah, sí. Nunca había venido, ni siquiera sabía que existían este tipo de lugares, quiero decir aquí, es decir.

-Sé lo que quisiste decir, yo tampoco lo conocía hasta hace unos meses.

-Y, cómo fue que lo conociste.

-Sammy me trajo y me encantó.

¿Sammy?, quién diablos era Sammy. Nunca antes lo había mencionado. Estaba intrigada pero no lo suficiente como para interrogarlo.

-Sí, es interesante, la parrilla y esas cosas en la mesa.

¿La parrilla y esas cosas?, no podía creer que había dicho algo tan tonto y fuera de lugar,  habían muerto dos neuronas de mi cerebro con esa respuesta.

-Marco me dijo que te ve cada domingo.

-Sí. Pasea a Buster .

-¿Buster?

 -Oh, Buster es mi perro, lo adopté hace poco.

-Cómo es que no lo conocí el día que fui por ti.

-Estaba en la veterinaria, la dueña es mi amiga y cuando no puedo cuidarlo se hace cargo de él, es que detesta estar solo y llora tanto que ya me ha metido varias veces en problemas con los vecinos.

-Espero conocerlo pronto, sabes lo mucho que me gustan los perros.

-Claro, cuando quieras.

Hubiera dado lo que fuera con tal de saber lo que pasaba por su mente mientras estábamos juntos. Si sentía lo mismo que yo o me había invitado a comer para terminar de desencantarse de mí.

-¿Sigues trabajando en la editoria?

-Sí, publico un artículo por semana, la sección de ciencia, tecnología y todo lo que se le ocurra a mi jefe que investigue.

-¿Y te gusta?

-No, es muy aburrido pero no tengo opción si quiero conservar mi trabajo.

-¿Qué hay del libro?

-El libro puede esperar, nadie publica a un desconocido.

-A menos que ese desconocido tengo una familia importante y poderosa.

-No voy sacar provecho de mi situación, mucho menos ahora que estoy en el ojo del huracán.

-Solo decía.

-Tal vez cuando pase todo lo de mi padre lo considere. Qué hay de ti.

-Yo pedí un prestamo y abrí mi consultora en la condesa. Al principio fue difícil pero con el paso de los meses las cosas mejoraron, tengo varios clientes.

-Felicidades.

-Gracias.

Saber que su vida mejoró me hizo pensar que estaba mejor solo. Él había avanzado en sus planes de vida mientras que yo seguía estancada.

Observé mi reloj, eran casi las 9, se hacía tarde y ya no quería estar más a su lado. 

-Debo irme.

-¿Dije algo que te molestara?

-No, por qué dices eso.

-Porque de repente te quieres ir.

-Mañana tengo que madrugar y aún debo pasar por Buster a la veterinaria.

-Son casi las 9 y es domingo, seguro estará cerrada.

-No, es decir sí pero es mi amiga, la dueña quiero decir y es su casa así que puedo ir a la hora que sea por Buster. 

-Bien, pediré la cuenta.

-No, no te molestes puedo irme sola.

-Como quieras.

-Gracias por la invitación. Adiós.

-Adiós.

Ben nunca habría dejado que me fuera sola, definitivamente las cosas habían cambiado entre nosotros. Con el corazón estrujado salí del restaurante y caminé sobre paseo de la reforma rumbo a mi casa, tragando saliva para no llorar. Pensando en qué era momento de darle la vuelta a la página, olvidarme de él y volver a empezar.

Después de todo había tenido una fantástica cita con Ángel.

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