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6 Meses después

 El sol brillaba en el firmamento, el cielo contrastaba con el camino que atravesaba la meseta repleta de dunas terracota.


En la cumbre de una montaña se escuchaban las detonaciones, un helicóptero aliado había sido derribado y una espesa cortina de humo se había formado impidiendo se viera el otro lado de la montaña.

La mente de Craig se mantenía en constante divagación.

Mientras se encontraba bajo los sofocantes rayos del sol pensaba más de cien veces en Anna, en la forma en que su presencia lo llevaba al límite de sus emociones, en la curvatura de sus labios, la cadena de lunares que recorrían su cuello y se perdían en su pecho, el azul profundo de sus ojos.


 Enloquecía solo de pensar que Jeffrey la tuviera entre sus brazos.


La voz de Anna susurraba en su cabeza su nombre una y otra vez.


—¡Doc! —gritó Miles— ¡ey Doc!... Harris!


Él volteó y de inmediato se agachó se arrastró por el suelo hasta ocultarse detrás de una roca.

El bunker enemigo estaba oculto detrás de una columna de rocas, su corazón palpitó acelerado, no estaba listo para enfrentarse ante la muerte.


—¿Quieres que nos maten?


—Estaba distraído.


—Más te vale que no vuelva a pasar. A cuántos hombres contaste.


—Quince.


—Quince qué.


—Quince hombres a las 14 horas, dos más detrás de la torre. No podemos acercarnos sin que nos vean. Tendremos que esperar a que anochezca.


El sol era agobiante y brillaba sobre la arena cegando a todos los que osaran atravesar la montaña.

Craig giró la cabeza y colocó nuevamente los ojos en los binoculares.


—Debemos ir hacia el este —respondió Miles con el rostro cubierto de arena extendiendo un mapa en el suelo.


—No, nos superan en número. Apenas crucemos la frontera arrasarán con nosotros —dijo Tuka.


—¿Qué hay del helicóptero? —preguntó Santana—. No podemos dejarlos ahí, debemos rescatarlos.


—Negativo, cayeron muy cerca de la base enemiga —respondió Miles.


—Pero podrían estar vivos.


—Si lo están no es nuestro problema.


—Son parte de nuestro maldito equipo.


—No son la misión Santana. Esperaremos en las cuevas que están detrás de aquella colina a que oscurezca y después seguiremos hacia el este rodeando la montaña.


—Iremos por ellos, sea o no nuestra misión.


Miles se puso en pie y sujetó del cuello a Santana.


—Crees que después de una caída como la que tuvieron siguen vivos -preguntó furioso y lo lanzó contra el suelo.


—Hijo de puta -murmuró Santana con la voz entre cortada tratando de recuperar el aliento.


—Miles tiene razón, no podemos arriesgarnos ni tomar decisiones por nuestra cuenta. El terreno es hostil y no sabemos si hay minas -dijo Craig.


Eran tres horas de camino hacia la cueva. Mientras el calor era sofocante durante el día, por la noche el frío era insoportable. Cerca de las 6:30 de la tarde, antes de que cayera el sol entraron a la cueva.

 Santana juntó unas ramas secas que encontró al interior y con un encendedor hizo una pequeña fogata que rodeó con unas cuantas piedras, Tusand y Barton dejaron sus cosas en un rincón al fondo y se sentaron sobre unas rocas.

Santana se puso sus audífonos y recostó la cabeza sobre su mochila. Miles se quedó en la entrada, sacó sus binoculares y puso su arma en el suelo y se metió a la boca un cigarrillo que sacó de uno de sus bolsillos.

Un par de explosiones en la montaña iluminaron el cielo como fuegos artificiales. 

Craig se sentó no muy lejos de Santana.


—Miles perdió un tornillo cuando estuvimos en Kuwait.Todo comenzó con un bombardeo aéreo, el lugar en donde estábamos se derrumbó sobre nosotros, estuvimos tres semanas bajo los escombros, cuando salimos era otro -dijo Tuka recostándose en el suelo a un lado de él.


—Kuwait, eso fue hace mucho.


—Parece que fue ayer. ¿Tienen un cigarro?


Santana se enderezó lanzándole la cajetilla.


—Yo no debía venir, iba a casarme en Puerto Rico pero pasó lo del atentado, mi padre es muy patriota y dijo que si no estuviera tan viejo él pelearía por su país así que me pidió que viniera y aquí estoy -añadió resignado.


—Qué hay de ti doc, nunca hablas.


—Seguramente cree que no alcanzamos su nivel de comprensión, ¿no? -preguntó Miles.


—No tengo algo que decir. 


Barton y Tusand alzaron la cabeza y observaron a Craig en silencio.


-—Qué hace alguien como tú en un lugar como este, quiero decir no necesitas estar aquí -dijo Santana.


—Seguramente está huyendo de algo o de alguien -respondió Miles-. ¿No vas a contarnos?


Tuka levantó su arma del suelo y fijó un punto en el horizonte mientras caminaba hasta la entrada de la cueva.


—Ese es asunto mío.


—Ahora es asunto de todos, la confianza es esencial en un lugar como este.


—Por qué no nos dices tú que haces aquí.


—Para qué, Tuka se ha encargado de decir que me falta un tornillo pero estoy más cuerdo que todos los tenientes aquí. ¿Ves esto? -dijo y le mostró una parte de su cabeza-. Una placa de metal, fue la primera herida que recibí en batalla, creí que moriría pero heme aquí. No les importó lo que me pasó, no hubo reconocimientos ni aplausos, nada. Tan pronto me recuperé me enviaron de vuelta al campo.


—¿Por qué es tan importante el reconocimiento?


—Porque es lo único que tengo para salir de aquí sin que me llamen desertor.


—¡Hey!, silencio todos -gritó Tuka- detrás de las dunas.


—“Tango uno conteste, no podemos hacer contacto con el resto del equipo, confirme su ubicación”.


—Tango uno estamos resguardados en la montaña. El helicóptero cayó muy cerca de territorio enemigo -dijo Miles-, las coordenadas son 34N 305 3234. 


Se puso en pie de inmediato y caminó hasta donde se encontraba Tuka.


—Esos malditos deben hacer rondas por las noches -dijo Miles.


—“Tango uno diríjanse de inmediato al norte.”


—Entendido, cambio y fuera. Tenemos que salir de aquí y dirigirnos al norte.










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