Ir al contenido principal

La teoría del caos.

¿Encontraron algo?

Los perros rastrearon algo en la orilla, encontramos la ropa de Anna pero nada más. La lluvia de anoche dificulta el rastreo.

Costa se sintió decepcionado, tampoco él había encontrado a Hammer. Volteó hacia el bosque, pensó que quizás la chica pudo haber huido rumbo a la carretera y que alguien pudo haberla recogido.

Necesito un mapa de, ¡rápido!

Uno de los policias que estaban en la patrulla sacó uno de la cajuela y se lo dio. Costa lo extendió sobre el cofre del auto y marcó un círculo en el.

La primera vez que Anna apareció fue en la vieja carretera a Foreside, el auto apareció aquí de modo que venía del sur. Quiero que hagan patrullajes hacia el norte desde esta zona hasta esta, no debe andar muy lejos.

¿Y si logró llegar a la carretera?

Emitiremos un boletín a los condados que están dentro de la zona marcada. Estoy seguro de que alguien la ha visto.


Eran poco más de las 11 de la mañana del martes cuando la puerta del separo se abrió con lentitud, James Carter entró cerrándola tras de sí. Craig estaba sentado en el suelo del separo, tenía las manos  y la ropa llenas de sangre seca. Ni siquiera escuchó los pasos de James.



Cuando Costa me llamó para decirme lo que había pasado pensé que estaba exagerando.


—Cómo está Jeffrey -preguntó con un susurro y caminó dándole la espalda.


—Se te está haciendo costumbre el vernos aquí Craig.


—¿Está muerto?


—Los doctores hacen lo posible por salvarlo pero su condición es grave.


—Te juro que Hice lo que pude.


—Lo sé. Creí que tenías que presentarte en la base el Viernes.


—Aún puedo llegar.


—No puedes irte, no después de esto. Cómo crees que tomen en la milicia tu arresto.


—Quieren soldados James, no buenos samaritanos. 


—Sabes por qué estoy aquí -él joven negó con la cabeza-. Tu padre me llamó esta mañana, estaba angustiado porque el capitán Myers personalmente se comunicó con él para decirle que habían arrestado a su hijo. Por qué volviste a Hill Crest, nada de esto habría pasado si hubieras continuado con tu vida. 


—Tenía que hablar con alguien.


—Con quién.


—Es esto un interrogatorio formal, ¿debería hablar con mi abogado?


—Estás en prisión Craig, si no quieres ser condenado será mejor que te sinceres conmigo.


—Costa es un imbécil, se cree detective y decidió encerrarme solo porque no cooperé en su ridícula investigación pero no tiene pruebas, no puede acusarme de nada.


—Qué hacías en casa de Jeffrey.


—Es mi amigo, acaso debo de tener un motivo.


—Ambos sabemos que lo hay.


—Quería hablar con Elizabeth y supuse que estaría con él. Cuando llegué a su casa él estaba desangrándose en el suelo y yo traté de ayudarlo.


—Desde cuándo sabes que Anna Barret suplantó a Elizabeth Sutton.


—No sé de qué me hablas.


—Costa te quiere acusar por complicidad y lo hará si no pruebo tu inocencia. 


Craig jaló su cabello, se resbaló lentamente por la puerta hasta sentarse en el suelo.


—Lo descubrí el día del asalto al mini súper, la llevaron al hospital por una crisis nerviosa. Elizabeth y yo pasamos un verano juntos cuando éramos niños. Para mí fue evidente que no se trataba de la misma persona.


—Por qué no le dijiste a Myers lo que habías descubierto.


—Con qué objeto, habían encontrado lo que querían.


—¿La amabas?


—Eso qué importa, ella escogió a Jeffrey.


—Por qué ocultaste su historial médico.


—Veo que ya te pusieron al tanto de todo.


—Mi deber es probar tu inocencia.


—No existen pruebas.


—Por eso que decidiste irte a Afganistán, porque no podías hacerte a la idea de ser solo su amigo.Qué hay de tu madre, ¿pensaste en ella cuando tomaste esa decisión?


—Ella estará bien, tiene a mi padre.


—No necesitas ser irónico. 


—Lo siento.


—Tu padre quiere hablar contigo.


—No quiero que me sermoneé. 


—Me temo que no puedo evitarlo. Quiere saber qué pasó.


—Bien, te lo diré, le pedí a Anna que se fuera mientras golpeaba a Reagan, cuando lo dejé inconsciente salí a buscarla pero no la encontré.


—¿Le dijiste que se llevara tu auto?


—No, cuando volví ni el auto ni Reagan estaban ahí. 


—Bien -respondió cortante.


—Ella no hizo nada de lo que deba arrepentirse.


—¿Es inocente?


—Lo es.


—Te abandonó, no le importó que te culparan.


—Yo le pedí que huyera. Entiéndeme James, si se quedaba él la hubiera matado.


—Estás metido en un gran problema.


Craig guardó silencio, se puso en pie y caminó hasta la cama, sentado en la orilla colocó la cabeza entre las rodillas. 


—Te juro que ella es inocente. 


—Te engañó.


—No, es la verdad.


—Es lo que quieres creer.


Craig guardó silencio, no podía decirle que había ocultado los recortes de periódicos que encontró en casa de Lori.


—¿Encontraron el auto?


—Abandonado en una carretera rumbo a Falmouth. Los forenses están haciendo las pruebas pertinentes y antes de que me preguntes, ella y Reagan siguen sin aparecer. Por Dios Craig, con quién te metiste.


—Cuando saldré de aquí.


—Tan pronto como pague la fianza -dijo y caminó hacia la puerta.


—¿La pagarás?


James asentó con la cabeza, tocó un par de veces a la puerta y entonces el oficial le abrió.


Comentarios

Entradas populares de este blog

Regresa a mí...

Leyó la última frase de la carta en repetidas ocasiones. Le mortificó la idea de pensar que él se había marchado para siempre. Scott tocó la puerta, entró cuando ella no respondió a su llamado. La miró fijamente sin decir una palabra. Supo que su amor no era correspondido. El recuerdo de aquel antiguo novio era más fuerte de lo que creyó.

Nuevo libro, Nueva edición

Les cuento que el libro está ya disponible en varias plataformas para su venta y con una nueva edición. Amazon Itunes Kobo Scribd Page Foundry Oysterbooks

Alguien a quien solía conocer.

Corría el sábado 4 de diciembre de 1999, eran poco más de las tres de la tarde y el sol brillaba en todo su esplendor. La tarde era estática, el aire no soplaba y no había ruido en las calles. El timbre de la puerta sonó y mi corazón palpitó lleno de emoción y nervios. A pesar de que habíamos estado hablando por teléfono desde hacía ya cuatro meses nunca nos habíamos visto en persona. Esa sería la primera vez. Cuando bajé las escaleras me postré frente a la puerta, tenía la opción de no abrir y perder la oportunidad de conocerlo, sin embargo abrí mi mundo a un sin fin de posibilidades.  Él estaba parado con un ramo de flores y una caja de chocolates, sonrió y me abrazó al conocerme, entonces mis ojos brillaron y correspondí a sus atenciones con una sonrisa y un abrazo. No era feo, no era guapo pero había algo en su mirada que me capturó por completo. Teníamos muchas cosas en común, eramos más que amigos, nos conocíamos a fondo a pesar del abismo que nos separaba, éramos almas gemelas,