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La ciudad de las tormentas.

Entró corriendo a la casa del lago, se quitó la ropa húmeda. Cortó su cabello con unas tijeras que encontró en la cafetería y  lo tiró dentro del retrete, jaló la cadena y después empinó la cabeza y se vació una botella con peróxido.

Se cambió de ropa y secó el piso que estaba mojado para después echar la ropa sucia dentro de una bolsa de plástico y salir de la casa.

Desde la orilla vio las luces de las patrullas que habían llegado a la casa de Jeffrey, pronto estarían en la casa de Grace, pensó en volver pero en lugar de eso lanzó la ropa al agua y se internó  cobardemente en el bosque hasta llegar a la carretera.

Tuvo suerte de que alguien se detuviera y entonces subió al auto.

-¿A dónde vas?

-A donde sea.

El hombre arrancó sin hacer más preguntas.  Anna se acurrucó junto a la puerta, estaba completamente pálida. Aquella noche salió de Hill Crest con la esperanza de haber enterrado el pasado.


-Centro Médico la providencia -dijo la operadora.


-Habla el oficial Costa de la comisaría central de Hill Crest, ¿podrían decirme si admitieron a un hombre con una herida abdominal  en las últimas 12 horas? 


-¿Qué clase de herida?


-Con arma blanca.


-Lo siento oficial, no tenemos ningún reporte de alguien con esas características. 


-Gracias -dijo y colgó para después marcar al último número que tenía en su lista-. Busco a un hombre como de 1,80 centímetros de altura, 70 kilos aproximadamente, unos 35 años, caucásico, presentó un reporte falso respecto a su herida.


-Sí, antier en la madrugada vino alguien.


-Tiene que ser entre ayer y hoy.


-Sí.


-¿Podría darme la información que recibió?



-Espere un minuto. Tengo a un hombre con las mismas características, Ron Higgins de Falmouth, oh espere no anotó su dirección. Veronica quién registró a Higgins.


-Mierda -dijo y lanzó el teléfono al suelo.


Observó en su pizarrón un mapa con el perímetro que había marcado, Reagan estaba cerca de Falmouth, recordó la nota de la gasolinera.


Myers entró a su oficina sin tocar la puerta y lanzó un expediente sobre su escritorio.


-Qué diablos hace Harris en los separos.


-Es el único testigo que tenemos dado que la chica Barret huyó.


-Quiero que lo saques de inmediato, no quiero problemas con su abogado.


-Si lo hago se irá del país y estaremos aún más lejos de capturar a Reagan.


-Harris no tiene nada que ver en esto, sácalo de inmediato.


-Voy a encontrar a Reagan y ni usted ni nadie me lo impedirá.


-Más vale que te mantengas al margen del asunto si no quieres que te encierre a ti también.


-¿Por qué lo defiende tanto?


-Solo hago mi trabajo y hasta el momento no tenemos pruebas que lo inculpen en nada más que la intrusión a la casa de Craig.


-Casi lo mata.


-Pero no lo hizo.


-Se está debatiendo entre la vida y la muerte en un hospital.


-Deja que yo me ocupe de esto.


Myers salió de la oficina. Costa azotó la mano sobre su escritorio y lanzó los papeles al piso furioso. A penas podía dar crédito a lo que acaba de pasar. 


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