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Un simple error.

Ashton escuchó que alguien tocaba a su ventana, entonces se levantó de la cama y vio una nota en la ventana, era de Sue, se enfureció. Si sus padres descubrían que ella había a buscarlo aquella noche lo habrían castigado.

Tan pronto como oscureció tomó su chamarra y salió de la casa, atravesó el bosque hasta llegar al lago, ahí estaba ella sentada viendo como el agua se deslizaba por encima de las piedras.

-Por qué hiciste eso.

-Creí que no vendrías.

-¡Por qué lo hiciste!, si mis padres te hubieran visto me habrías metido en un gran problema.

-Necesitaba hablar contigo.

-¿Y no pudiste esperar hasta las 3?

-No, de verdad necesitaba verte. Tengo un retraso.

-¿Qué?

-Tengo un retraso.

-Sí, te escuché pero es que no entiendo cómo pudo pasar. 

-Qué vamos a hacer.

Ashton se sentó a su lado y evitó verla a toda costa, estaba pálido y sin palabras.

-No sé, hablaré con mis padres, ellos van a ayudarnos.

-No quiero que nadie se entere, quiero decir nadie más que nosotros. Estuve pensando en no tenerlo.

Ashton volteó a verla impresionado, apenas daba crédito a lo que ella estaba proponiendo.

-¿Qué estás diciendo?

-Creo que es lo mejor que podemos hacer, somos jóvenes no podemos con esta responsabilidad.

-No puedo creer lo que estás diciendo.

-Bueno y qué esperabas que dijera, que estoy feliz con la idea de tener un hijo, tengo 19 años. Mi padre me mataría si se enterara. Sabes qué, le diré, es lo mejor que podemos hacer, me mata de una vez y terminamos con esto.

-Deja de decir tonterías.

-¿Ahora digo tonterías?

-Basta Sue, no puedo creer que quieras matar a nuestro hijo.

-Creí que no lo querías.

-Nunca dije eso.

Ella se puso en pie y caminó hasta donde se encontraba el abeto, se recargó en su tronco y lanzó un suspiro.

-Tengo miedo Ash, mi padre va a matarme si se entera de esto.

Él se puso en pie y caminó lentamente hacia donde ella se encontraba. Con sus nudillos levantó su mentón y la miró fijamente a los ojos.

-¿Me quieres?

-Sí.

-Entonces nos iremos a donde nadie nos conozca, yo puedo trabajar en cualquier lugar, rentaremos una casa y...

-No tenemos dinero, cómo vamos a solventar todos los gastos.

-Eso déjamelo a mí.

-Por favor no le digas a tus padres, te lo suplico.

-Necesitamos dinero.

-¿Y crees que ellos te lo darán?, ¿crees que te darán un abrazo y te dirán que cuentas con ellos?

-Lo entenderán, de alguna manera tendrán que hacerlo porque no quiero que arriesgues tu vida. 

Sue recogió sus cosas del suelo y se marchó, tenía los ojos llenos de lágrimas. Ashton la dejó ir y corrió de vuelta a su casa. 

Su madre estaba en la cocina y su hermanita sentada en la mesa dibujando.

-¿Podemos hablar?

-Claro, de qué se trata hijo.

-Sin que Lili escuche.

-¿Sucede algo malo?

Lourdes se quitó los guantes que cubrían sus manos y ambos caminaron a la sala.

-Estoy enamorado.

-Eso lo sabemos, Sue nos parece una chica peculiar.

-¿Peculiar?

-Bueno, ya sabes lo que quiero decir.

-No, en realidad no entiendo lo que quieres decir.

-Nos agrada a pesar de la historia de su familia.

-Ella no tiene la culpa de las decisiones de sus padres.

-Lo sé.

-Entonces por qué la juzgas.

-No lo hago, solo espero que encuentres a alguien mejor.

-La amo.

-De acuerdo.

-Está embarazada.

-¡Qué dices, pero cómo es posible!

-Me casaré con ella, nos iremos de aquí, nadie tiene que enterarse.

-Eso no voy a permitirlo.

-Por qué, soy mayor de edad y...

-Solo tienes 20 años, ¿llamas a eso mayoría de edad?

-En muchos países lo es.

-Pues no estás actuando como alguien mayor de edad sino todo lo contrario, eres un irresponsable. De ninguna manera voy a permitir que te cases con esa jovencita.

-Piensa en Lili, ¿y si alguien le hiciera lo mismo?, si por amor se entregara y hubiera consecuencias, ¿no estarías feliz de que su novio se hiciera cargo de ella?

-Ella jamás haría algo así.

-¿Por qué?, porque tu lo dices. No conoces nada de la vida.

Lourdes guardó silencio, se llevó las manos a la boca y se sentó de golpe en el sillón.

-Cuando tu padre se entere -murmuró entre dientes.

-Necesito que me prestes dinero, nos iremos de aquí.

-Estás loco.

-Su padre no va a perdonarla cuando se entere, podría matarla. Quiero llevármela lejos, te prometo que te pagaré tan pronto consiga un trabajo.

-Deja que los ayudemos.

-Minutos atrás querías que la dejara y ahora...

-Tienes razón en muchas cosas y eres mi hijo, no puedo permitir que sufras. Hablaré con tu padre, veremos qué hacer.

-Ella no quería que les dijera, está avergonzada.

-Habla con ella, si quiere puede venir aquí en lo que arreglamos las cosas con su padre.

-Sabía que entenderías.

-Bueno pensé en tu hermana, ¿y si ella estuviera en el lugar de Sue?, me pareció que tenías razón.

Eran las 11 de la noche y Sue estaba sentada junto a la ventana, veía las estrellas cuando escuchó que lanzaban piedritas a su ventana. Abatió la cortina con la mano y vio a Ashton en el jardín. No podía salir de la casa, su padre se había quedado dormido en la sala después de pasar la tarde bebiendo, además tenía el ojo morado por la cachetada que le había dado al ver que no había ido a la escuela.

-¡Sue! -gritó en voz baja al ver que volvió a cerrar la cortina-. ¡Sue!

Ashton trepó al árbol que estaba junto a su ventana y con cuidado caminó por la cornisa hasta llegar a su habitación.

-¡Sue! -dijo mientras tocaba con los nudillos el vidrio.

Ella apagó la luz de la lámpara y abatió nuevamente la cortina.

-Vete Ash, mi padre está en la sala durmiendo, si te ve aquí te matará.

-Necesitaba hablar contigo, ya le dije a mamá y nos va a ayudar.

-Te pedí que no lo hicieras.

-Lo sé pero ella entendió todo, va a ayudarnos, ¿no te da gusto? 

-Vete Ash, vete antes de que mi padre te escuche.

-Me iré pero no sin antes besarte.

-¡No! -gritó y se apartó de la ventana.

Él aprovechó para entrar a su habitación.

-Qué sucede.

-Nada, vete, vete por favor te lo suplico,

Él la sujetó del brazo y al girarla vio que tenía un moretón en el ojo.

-¡Qué te hizo!

-Nada, vete ya Ash, vete.

-No, necesito sacarte de aquí ahora mismo, no puedes estar aquí ni un minuto más.

Sue empezó a llorar, lo abrazó y recargó su cabeza sobre su hombro.

-Estaba furioso cuando me vio llegar temprano a la casa, no pensé que estaría aquí. Dijo que era una ramera y tal vez lo soy.

-Eso no es cierto, no lo eres. No tenía derecho a pegarte.

-Por favor no hagas esto más grande, fue un accidente.

-Ven conmigo ahora mismo, mañana vendremos por tus cosas cuando él se vaya.

-Hacerlo solo empeoraría las cosas.

-Qué puede ser peor que hacerte daño a ti o al bebé.

-Iré a verte mañana temprano. 

-¿Lo prometes?

-Lo prometo.



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