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No era de nadie.

 ¿Quién estaba detrás de esos mensajes que llegaban cada viernes puntualmente a las 7 de la noche?

Tenía una ligera idea pero era tan vaga que una pequeña corriente de aire, que se colaba por el respirador de la antesala, lograba disiparla.

Luca entró a la recamara, dejó un par de cartas sobre la mesa de centro y me atisbó nervioso.

-¿Alguna novedad?

-Ninguna solo que llegaste temprano hoy.

-No había trabajo. ¿Vino a verte Franco?

-Como siempre.

-De qué hablaron.

-Nada particular, el clima, la gente...cosas sin importancia.

-¿Y esas flores?

-Las trajeron de la florería

-Eso es obvio, quién.

-Un repartidor.

-Claramente...me refiero a quién las envió.

-Nadie.

-Cómo que nadie.

-No traían tarjeta.

-Me estás sacando de quicio.

-Pero es la verdad, probablemente alguien se equivocó y las envió por error.

-Ya van 6 semanas de errores.

-¿Ah sí?, no lo había notado, será que me agrada demasiado el olor de las flores y como tu casi no tienes esos detalles.

-¿Me estás acusando de no ser detallista?

-No, fue un simple comentario.

-Mejor te los reservas.

-Vaya, qué caracter traes hoy.

-El mismo de siempre solo que hasta hoy te das cuenta.

Me puse en pie e intenté salir de la habitación pero él sostuvo mi mano con tal firmeza que empezó a dolerme. Fruncí el ceño y antes de que pudiera articular una palabra él me soltó, se apartó de mi lado y me miró arrepentido.

-Iré a ver si la cena está lista.

Emocionalmente estaba agotada. Desde hacía unas semanas se comportaba de una manera tan extraña que empezaba a creer estaba celoso.

Celoso tras 8 años de casados, celoso porque yo al igual que él empezaba a tomarme ciertas libertades. Su opinión era lo que menos me importaba.

Mientras limpiaba la cafetera escuché que alguien golpeaba a la ventana de la cocina y tras asomarme, vi a Roney en el jardín merodeando. 

Me puse en chal que estaba sobre la silla y abrí la puerta. De inmediato él se giró y me miró asustado.

-¿Está Luca?

-En la sala, quieres hablar con él.

-No, bueno sí en realidad eso quiero pero, afuera.

-Como quieras, lo llamaré pero hace frío, creo que estarías más cómodo en la cocina.

-No, espero aquí.

Entré nuevamente a la casa y busqué a Luca, él estaba sentado en la sala de estar leyendo un periódico que no tenía idea de dónde había sacado.

-Te busca Roney.

-Dile que pase.

-No quiere, dice que mejor te ve afuera.

-Este tipo, cada vez está más raro.

-Haz lo que quieras, ya te avisé, por cierto la cena aún no está lista y si quieres invitarlo te recomiendo que no lo hagas porque Susy hizo salmón y solo vi dos piezas en la cacerola.

-No puedo hacer eso.

-Entonces dale tu pedazo, no pienso sacrificarme por ti ni un minuto más.

Dije y salí furiosa de la sala rumbo a mi habitación. Las pisadas que di fueron tan sonoras que el candelabro de la vieja casona se cimbró con la vibración.

Tenía mucha hambre y estaba furiosa por tener que esperar a que Roney se fuera para poder bajar a cenar, me asomé por la ventana y los vi discutiendo afuera, la plática parecía algo interminable.

Me senté en la mecedora y saqué mi tejido, pensé que eso podría sacarme de penas. 

Sin darme cuenta cerré los ojos y cuando los abrí ya eran las 12 de la noche, el reloj del comedor empezó a sonar.

Salí de la habitación y bajé rumbo a la cocina. Como era lógico la comida estaba fría e intacta. Ni Roney, ni Luca habían entrado a comer.

Pero en dónde estaban.

Me quedé dormida sobre la mesa, las migas de pan se empezaron a meter a mi cuello haciendo que una tremenda comezón me despertara de inmediato.

Luca seguía sin aparecer, recogí la mesa y vi el amanecer, tenía meses, años probablemente que no tomaba el tiempo de levantarme temprano y ver al sol salir en el horizonte, el petricor me embelesaba y lo único que pensaba en ese momento era en lo absurda que había sido mi vida con Luca.

Cómo me había enamorado de ese hombre que ni siquiera volteaba a verme cuando hablaba, que me contestaba con muecas y a veces ni siquiera eso. Que aclaraba la voz de vez en tanto para avisarme que era tiempo de callarme, que ya no mandaba flores.

Roney era diferente pero era su mejor amigo y ni siquiera sabía si él tenía ese interés en mí pese a que había sido idea suya tener un amigo con el cual pasar el rato y que me ayudara a sobrellevar esa triste vida al lado de mi marido.

Cómo pude pasar tantos años al lado de esa persona que se había transformado en lo que más odiaba de la vida, la indiferencia.

Tomé una profunda bocanada de aire antes de volver a la casa y cuando lo hice cogí mis maletas y las llené con la poca ropa que tenía, salí de ahí sin mirar atrás, sin dejar una nota, solo me fui con la esperanza de que las cosas fueran mejor lejos de ahí, sin él. 

Al fin era libre después de 8 años de condena, nadie volvería a encerrarme en una jaula, ni aunque fuera de oro.


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