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La fiesta.

 Lilith nunca había asistido a una feria de pueblo, jamás hubiera imaginado que algo tan común se convertiría en uno de sus eventos favoritos.

Había luces, fuegos artificiales, música de un género que jamás había escuchado antes pero un montón de gente bailaba, le dieron ganas de saltar a la pista pero Sebastian parecía poco interesado en seguirle el juego.

Era tan serio, pensó en lo aburrido que sería tener una cita con él.

La abuelita de Sebastian levantó la mano y señalo algo que estaba al fondo, cerca de la iglesia llena de luces y flores, Lili frunció el ceño, no entendía lo que ella decía.

Sebastian la tomó de la mano y la jaló junto con su abuelita hasta un puesto en donde vendían "pan de fiesta", la señora le dio un pedazo a la joven, ella movió la cabeza agitada negando, no tenía dinero para pagar, la mujer insistió y Sebastian tomó el pan.

-No tengo dinero.

-Es gratis, es una prueba.

-No como pan, sabes cuantas calorías debe tener eso.

-Las que necesitas para dejar de verte enferma.

-Oh te parece que necesito ganar peso.

-Tal vez un par de kilos.

Lilith se metió el pan a la boca, el sabor a nuez, huevo y canela le pareció fascinante, él la observó y sonrió disimulado. A su parecer Lilith no sabía nada de la vida, se trataba solo de una joven caprichosa y egoísta descubriendo un nuevo mundo.

-¿Te gustó?

-Es delicioso, qué es.

-Se llama Pan de fiesta.

-¿Qué son esas semillas que tiene encima?

-Ajonjolí, lo usan para muchas cosas aquí, preparan cosas dulces, saladas, va bien con todo.

-Es un sabor que me parece familiar.

-Mm -añadió pensativo-, lo usan para el tahini.

-Tahini, claro, wow. Y eso de allá, lo de la esquina.

Sebastian volteó, un puesto de algodones de azúcar estaba rodeado por niños.

-Bromeas, ¿cierto?

-¡No!, vamos -lo tomó de la mano y lo llevó hasta el lugar.

-Esto seguro lo conoces, también hay en California, incluso en esa pastelería en donde harán tu pastel de bodas.

-Cómo sabes eso.

-Yo acompañé a tu madre a elegirlo.

-¿Y es hermoso?

-No sé de esas cosas, supongo.

-¿Crees que me gustará?

-Tal vez.

Lilith frunció el ceño, lanzó un suspiro.

-Mi abuelo me llevaba a la feria en Napa pero no había estas cosas, todo era diferente. Creo haber probado uno de estos dulces pero es un recuerdo muy vago.

Sebastian pidió un algodón sin pensarlo y se lo dio a la joven.

-Rosa...tan predecible crees que soy.

-¿Qué color querías?

-Azul.

-¿En serio?

-No, rosa está bien. 

Era tan suave que se derretía en su boca y después tan dulce que le dejaba un sabor amargo en la boca.

-¿Es como lo recordabas?

-No, es muy dulce para mi gusto.

-Tengo una idea.

-Espera y tu abuelita.

-Ella entrará a misa, la veremos más tarde en el parque.

Sebastian la tomó de la mano y se dirigieron a otro puesto. Una enorme caldera llena de aceite hervía sobre un fogón. Un joven echaba una masa con una duya al interior del aceite.

-Un churro, jamás has probado algo tan delicioso como esto.

-Es mucha grasa.

-¡Vamos!, deja de preocuparte por el peso.

-Ya entiendo tu técnica, quieres engordarme hasta que nadie me reconozca.

-Me descubriste.

-No estoy obsesionada con el peso, es que...es difícil de explicar.

-No lo hagas, no me expliques es innecesario. Es tu vida y son tus decisiones.

Lilith admiró la manera de pensar de Sebastian, de pronto le pareció más interesante, menos aburrido, más sensible y muy atento.

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