Éramos uno

Mientras los dados giraban en el aire lo observé en silencio. Pensé en que cada quien tenía una vida, en lo lejos que estábamos de realizar nuestro febril sueño de juventud, en las probabilidades que ambos tendríamos de finalmente terminar juntos.

Éramos y no éramos los mismos, teníamos los años encima pero él seguía siendo tan atractivo como la primera vez que lo vi.
Cuando los dado cayeron sobre la mesa se llevó las manos a la boca lleno de sorpresa. No era dinero lo que habíamos apostado, era nuestro presente.
Me miró lleno de entuciasmo y yo volteé hacia la mesa, el destino estaba escrito.

-No quiero dejar las cosas al azar.

-No lo hagas.

-Esto es terriblemente absurdo -dije nerviosa.

-Hicimos una apuesta ¿te echarás para atrás?

-No es eso es que...

-Aún te quiero, a pesar de todos estos años aún siento esa terrible necesidad de despertar a tu lado, de besarte, de hacerte el amor y recargar mi cabeza sobre tu regazo. No se que hubiera hecho si nunca más te volvía a ver.

-Olvidarme.

-Pensar en tí hasta el último día de mi vida.

-Yo nunca dejé de pensar en ti.

-Lo ves, debemos estar juntos, darnos esta oportunidad, ser felices finalmente.

-Bien.


 No teníamos ya nada que perder. Jamás imaginé que llegaría este momento. Su voz hacía vibrar cada fibra de mi cuerpo, su mirada enrojecía mis mejillas y me devolvía el aliento, aún me ponía nerviosa su presencia tanto o más que la primera vez.

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