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Primer amor

-¿No preguntarás mi nombre?

-¡Lo siento! ¿Cómo te llamas?


-¡Ah! -esbozó una sonrisa sínica, cruzó los brazos y la miró con sus profundos ojos zafiro-. No lo hagas por compromiso -dijo sarcástico.

-Lo siento, no era mi intención -se sonrojó apenada ante las palabras de aquel joven que la miraba desinhibido.

-Descuida, estoy jugando. Me llamo Scott.

Irina le dio la mano, era una sensación familiar. Se sorprendió que su memoria sensorial recordara con total claridad las manos de ese extraño con el que se topó la noche de la esta.
Enrique caminaba por los pasillos de la facultad al momento que vio a Irina platicando con Scott. Decidió gritarle para alertarla de su presencia antes de que se acercara a ella.

-¡Irina!

La breve conexión que hubo entre ella y Scott se rompió en el momento que Enrique comenzó a acercarse. Ella se despidió, le sonrió y caminó para alcanzar a Enrique.

-¡Enrique!- Se alegró abrazándolo -Estas aquí, comenzaba a pensar que era una tontería haber venido.

-Irina que alegría verte pero, siento decir que no he visto a Joshep por aquí.

-Vaya, no debí venir.- Dijo con tristeza. -Fue una pérdida de tiempo.

-Ya lo veo, ¿Te escapaste de la escuela? ¿Qué hay de tu padre?

-Sí me escape, quería ver a Joshep y mi padre salió fuera, así que no tengo problema con eso. Además recuerda que ya soy mayor de edad.

-Lo sé. Quizá siga en el departamento. Cuando me iba entró apresurado a su recamara y se encerró.

-Entonces pudo haber llegado desde antes y no precisamente hoy en la mañana -dijo dudando ante lo que Enrique le había comentado.

-No, porque anoche llegué tarde y la puerta de su habitación estaba abierta. Lo que sí es que debió llegar después de las seis porque a esa hora fui a la cocina por un café y no había nadie en el departamento.

-Necesito hablar con él Enrique. Quiero que me explique qué está pasando.

-¿Quieres que vayamos al departamento? Quizá aún este ahí.

-Sí, quiero ir a buscarlo.

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Alguien a quien solía conocer.

Corría el sábado 4 de diciembre de 1999, eran poco más de las tres de la tarde y el sol brillaba en todo su esplendor. La tarde era estática, el aire no soplaba y no había ruido en las calles. El timbre de la puerta sonó y mi corazón palpitó lleno de emoción y nervios. A pesar de que habíamos estado hablando por teléfono desde hacía ya cuatro meses nunca nos habíamos visto en persona. Esa sería la primera vez. Cuando bajé las escaleras me postré frente a la puerta, tenía la opción de no abrir y perder la oportunidad de conocerlo, sin embargo abrí mi mundo a un sin fin de posibilidades.  Él estaba parado con un ramo de flores y una caja de chocolates, sonrió y me abrazó al conocerme, entonces mis ojos brillaron y correspondí a sus atenciones con una sonrisa y un abrazo. No era feo, no era guapo pero había algo en su mirada que me capturó por completo. Teníamos muchas cosas en común, eramos más que amigos, nos conocíamos a fondo a pesar del abismo que nos separaba, éramos almas gemelas,

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