Algo sin importancia.

 Cuando ambos salieron del teatro deambularon por las calles de Milán. Hacía frío, Sebastian se quitó el saco y lo colocó sobre los hombros de Lilith.

Ella era simplemente encantadora y cada vez que sonreía se le formaban unos diminutos hoyuelos en las mejillas.

-No soy lo que tu crees.

-No he dicho nada.

-Creo que lo piensas.

-No estoy pensando nada.

-Ay por favor, no te moviste de ahí, escuchaste toda la conversación pero déjame decirte que las cosas no son como crees.

-Y cómo creo que son.

-Básicamente que no pretendo quitarle el novio a mi hermana.

-No conozco a tu hermana.

-Si la conocieras estarías de mí lado. Yo conocí a...esto no debió pasar. Helena siempre se sale con la suya, detrás de esa cara angelical se esconde un demonio frío y calculador. Nadie la conoce mejor que yo.

-¿Quieres un café?

-Sí, lo que sea con tal de no tener que volver adentro. Pero creí que estabas trabajando.

-No importa, de cualquier forma no es el trabajo que busco, prefiero tu compañía.

-Espera a conocerme mejor -bromeó-. Mi hermana se casará con el hombre que amo y yo tendré que conformarme con Demian. 

-¿Conformarte?

-Por así decirlo. Mis padres están felices con la idea de que me case con alguien como él, la verdad es que yo no quiero pasar el resto de mi vida a su lado.

-Entonces no lo hagas.

-Las cosas no son tan sencillas. Demian es complicado, no dejará que termine con él, lo sé.

-No eres su prisionera.

-Sí, tienes razón. Qué hay de ti, por qué trabajas en el teatro, ¿te gusta el arte?

-Es un trabajo temporal.

-No eres de aquí. ¿De dónde eres?

-Mi madre es de México, mi padre de Ohio y yo soy dreamer.

-Y cómo paraste en Milán.

-Es una larga historia.

-Me encantan las historias.

-Ni siquiera me conoces.

-¿Hace falta?, yo te he contado mi vida, por qué no haces lo mismo.

-Quizás en otra ocasión.

-Uh, entonces hablamos de una cita. Lamento decepcionarte pero me iré mañana así que si quieres un encuentro fugaz conmigo tendrá que ser ahora.

-Eres muy directa.

-No me gusta perder el tiempo.

Sebastian sonrió, le dio un trago a su café y cruzó los brazos sobre la mesa. Lilith lanzó un suspiro, le fascinaba ese chico al que ni siquiera le había preguntado su nombre pero que le inspiraba confianza.

Cuando dejó de llover ambos caminaron por entre las calles, bajo la luz de las farolas y se detuvieron nuevamente cerca del teatro. Ella se quitó el saco y se lo devolvió, le dio un beso en la mejilla y entró al teatro.


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