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La extraña.

 La mujer que gritaba en el museo era una completa desconocida, al menos lo era hasta el momento en el que Carl cruzó la puerta intentando ayudarla.

La sujetó entre sus brazos y luego vio que brotaba sangre de su cuerpo, apretó su mano contra su vientre y lanzó un grito desesperado pidiendo ayuda.

Un par de hombres que iban pasando por la calle se acercaron y al ver lo que pasaba llamaron a la policía de inmediato.

Minutos después una patrulla se estacionó a mitad de la calle obstruyendo por completo el tráfico. Entonces bajaron dos oficiales, uno de ellos pidió por radio una ambulancia.

-¿Sabe qué pasó?

-No, yo iba pasando y entonces vi que una mujer estaba tirada en el suelo, corrí de inmediato a auxiliarla y al llegar noté que tenía sangre en su ropa.

-La ambulancia viene en camino -dijo el otro oficial que se alejó de inmediato al ver el charco de sangre.

-Tendrá que acompañarnos señor.

-No conozco a esta mujer.

-Pero usted está a su lado, queremos que rinda su declaración, se harán las investigaciones pertinentes y después será libre de irse más no de salir del país.

-Por qué querría salir del país -preguntó furioso.

-No lo sé, usted sabrá mejor que yo cuáles son sus intereses.

Los camilleros aparecieron de inmediato, colocaron a la mujer en la camilla y se la llevaron de inmediato. Carl tenía las manos llenas de sangre, misma que se limpió con un pañuelo que sacó de su pantalón.

-Veo que venía preparado.

-¿Lo dice por el pañuelo?

-En estos tiempos es poco común que alguien use un pañuelo.

-¿También se me acusará de eso?

-Oh no, no lo estoy acusando de nada, es que me parece extraño que un hombre de su edad use algo tan antiguo.

-Esta usted lleno de prejuicios. Hágame el favor de indicarme a dónde debo ir a presentar mi denuncia, me presentaré lo más pronto posible.

-Eso es imposible, debe acompañarnos de inmediato.

-No, antes debo llamar a mi abogado.

-Lo llamará en la comisaría.

-Pero esto es un atropello a mis derechos.

-Llámelo como quiera, sígame por favor.

Carl acomodó su saco y caminó al lado del policía, estaba furioso e indignado de que su buen gesto lo hubiera inculpado en un delito. 

Tras subir a la patrulla y llegar a la comisaría llamó a su abogado, pensó en cómo se encontraría aquella mujer y que esperaba pronto rindiera su declaración y lo dejara fuera del asunto.

Luego de permanecer en los separos cerca de 5 horas, Carl se sintió desesperado, el sueño terminó por vencerlo.

Entonces escuchó unos pasos que terminaron por despertarlo, se acercó a los barrotes y vio a un oficial.

-Señor Milles, la mujer del museo despertó. La interrogamos.

-Soy libre entonces. 

-Ella no fue capaz de identificar a su agresor. 

-Cuando yo llegué ella ya estaba en el suelo.

-La joven no recuerda lo que pasó, solo que estaba acomodando una pintura cuando sintió un pinchazo.

-Yo soy incapaz...

-Claro que lo es.

-Si me va a culpar de algo será mejor que lo haga de una vez.

-De nada en absoluto. 

Se escucharon un par de pasos en el pasillo, la joven entró a la comisaría, pidió hablar con el jefe de policía. Sorprendido de que la testigo estuviese ahí se levantó de la silla y salió de la sala de interrogatorio.

Aquella joven se giró, su cabello flotó en el aire, le sonrió con una expresión de desagrado y entonces sacó un cigarro de la cigarrera de plata que llevaba en su bolsa y lo sujetó entre sus manos.+

-Aquel hombre es inocente, no podría matar ni a una mosca.

-Cómo lo sabe.

-Acaso no ve en sus ojos la inocencia.

-Eso es subjetivo señorita.

-Libérelo de inmediato.

-Usted no puede ordenarme nada.

-Acaso no soy yo la culpable de que él esté aquí.

-Existe un delito.

-Estoy viva, no veo a cuál delito se refiere, no he hecho una acusación formal y si alguien la hizo estoy aquí para desmentirlo y defenderlo. Ese hombre solo trató de ayudarme, cuando él llegó yo ya había sido atacada por un extraño.

-Cómo sabe que no se trata de la misma persona.

-Aquel hombre era alto, delgado, sus manos parecían un par de ramas, el hombre a quien está interrogando es muy diferente y lo sabe.

-Mi trabajo es investigar no suponer o imaginar.

-¡Libérelo!

-No hasta que se hagan las investigaciones pertinentes.

-Entonces contrataré a un abogado que lo defienda, estoy segura de que usted ha violado sus derechos.

-Haga lo que quiera.

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